Alejandro tenía planeado tomar un vuelo hacia el País M. Pero cuando recibió su llamada y notó el tono de angustia en su voz, le pidió al chofer que diera media vuelta.
Ya más tranquila, Elena le dio las gracias:
—De verdad, muchísimas gracias por lo de esta noche.
Alejandro asintió levemente y le preguntó:
—¿Acaso Marcelo intentó pasarse de listo contigo?
Él mismo había notado esa mirada morbosa en la cara de Marcelo momentos antes.
Elena dudó un segundo, pero terminó confesándole lo que Marcelo le había hecho en sus años de universidad.
Alejandro frunció el ceño:
—Yo me encargo de ese imbécil. Tú no te preocupes.
Al escuchar que estaba dispuesto a frenar a Marcelo, Elena sintió una gratitud tan honda que no encontró cómo ponerla en palabras.
De pronto, se desató una tormenta. El chofer le dijo a Alejandro:
—Señor Vargas, su vuelo fue cancelado. La lluvia está demasiado fuerte y es peligroso seguir manejando. ¿Le parece bien si pasamos la noche en la casa que tiene por aquí cerca?
Alejandro volteó hacia Elena:
—¿Te molesta si vamos para allá?
Como Elena vivía hasta el otro lado de la ciudad y no quería arriesgar al chofer, asintió y aceptó la propuesta.
Al llegar a la casa de Alejandro, Elena no pudo evitar sentirse completamente fuera de su elemento.
La señora Campos, que trabajaba limpiando la casa, era una mujer callada y muy trabajadora. Aunque se sorprendió de ver que era la primera vez que Alejandro llevaba a una mujer, no hizo ninguna pregunta indiscreta. Acompañó a Elena a la habitación de invitados y hasta le dejó un pijama nuevo.
Cuando Elena terminó de arreglarse, la señora Campos le tocó la puerta para preguntarle si quería cenar algo.
Como de verdad traía el estómago vacío, salió de la habitación. Al llegar al comedor, vio a Alejandro ya sentado en la mesa, donde había un par de guisos caseros y dos platos de sopa calientita.
La sola presencia de Alejandro imponía tanto que Elena se sentó tensa, sin saber muy bien qué hacer con las manos. Ni siquiera se atrevía a sostenerle la mirada, así que se concentró en la sopa y cenó en silencio.
***
Al enterarse de que el proyecto con el Grupo Vargas se había caído, Diego se puso de muy mal humor. Mandó a su asistente a investigar por qué la otra empresa se había echado para atrás.
El asistente hizo un par de llamadas y volvió con la información:
—Me dicen que Marcelo renunció. El nuevo encargado del proyecto ya tiene sus propios contactos en la industria farmacéutica, por eso nos batearon.
Diego frunció el ceño. El nivel de investigación del Grupo Romero siempre había sido de los mejores en Ciudad del Río. Para el Grupo Vargas, que apenas iba empezando en el negocio médico, asociarse con ellos era la jugada más lógica. No entendía cómo se les había escapado la oportunidad.
Justo en ese momento, Adriana entró a la oficina con una taza de café en las manos. Al escuchar que no solo habían perdido el proyecto, sino que encima Marcelo ya no trabajaba ahí, sus ojos se llenaron de furia.
Pero rápido compuso la cara y fingió demencia. Se acercó a Diego, le ofreció el café y le soltó su veneno:
—Yo también hablé con la asistente de Marcelo. Me contó que él tenía muchísimas ganas de trabajar con nosotros y le insistió muchísimo a Elena para que se reunieran; seguro quería cerrar el trato antes de irse. Quién iba a pensar que, como Elena le estuvo dando largas, al final se nos cayera el proyecto.
Diego frunció aún más el ceño. Por un segundo quiso defender a Elena, pero luego se acordó de que ella misma le había exigido que la sacaran de ese proyecto y pusieran a alguien más porque no quería lidiar con Marcelo.
Diego nunca imaginó que Elena pudiera tomarse el trabajo de esa manera, y la decepción le dejó un sabor amargo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....