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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 44

Alejandro tenía planeado tomar un vuelo hacia el País M. Pero cuando recibió su llamada y notó el tono de angustia en su voz, le pidió al chofer que diera media vuelta.

Ya más tranquila, Elena le dio las gracias:

—De verdad, muchísimas gracias por lo de esta noche.

Alejandro asintió levemente y le preguntó:

—¿Acaso Marcelo intentó pasarse de listo contigo?

Él mismo había notado esa mirada morbosa en la cara de Marcelo momentos antes.

Elena dudó un segundo, pero terminó confesándole lo que Marcelo le había hecho en sus años de universidad.

Alejandro frunció el ceño:

—Yo me encargo de ese imbécil. Tú no te preocupes.

Al escuchar que estaba dispuesto a frenar a Marcelo, Elena sintió una gratitud tan honda que no encontró cómo ponerla en palabras.

De pronto, se desató una tormenta. El chofer le dijo a Alejandro:

—Señor Vargas, su vuelo fue cancelado. La lluvia está demasiado fuerte y es peligroso seguir manejando. ¿Le parece bien si pasamos la noche en la casa que tiene por aquí cerca?

Alejandro volteó hacia Elena:

—¿Te molesta si vamos para allá?

Como Elena vivía hasta el otro lado de la ciudad y no quería arriesgar al chofer, asintió y aceptó la propuesta.

Al llegar a la casa de Alejandro, Elena no pudo evitar sentirse completamente fuera de su elemento.

La señora Campos, que trabajaba limpiando la casa, era una mujer callada y muy trabajadora. Aunque se sorprendió de ver que era la primera vez que Alejandro llevaba a una mujer, no hizo ninguna pregunta indiscreta. Acompañó a Elena a la habitación de invitados y hasta le dejó un pijama nuevo.

Cuando Elena terminó de arreglarse, la señora Campos le tocó la puerta para preguntarle si quería cenar algo.

Como de verdad traía el estómago vacío, salió de la habitación. Al llegar al comedor, vio a Alejandro ya sentado en la mesa, donde había un par de guisos caseros y dos platos de sopa calientita.

La sola presencia de Alejandro imponía tanto que Elena se sentó tensa, sin saber muy bien qué hacer con las manos. Ni siquiera se atrevía a sostenerle la mirada, así que se concentró en la sopa y cenó en silencio.

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