Capítulo 309
CAPÍTULO 225
- Justo como te decía -continuó Sofía, bajando un poco la guardia- en lugar de carreras de velocidad, organizamos demostraciones de destreza. La exhibición benéfica que realizaremos pronto incluye un espectáculo de doma clásica que te dejaría sin palabras. Los caballos...
Las palabras de Sofía murieron en su garganta al ver a dos figuras acercarse a su mesa con paso decidido. La relajación que había logrado construir se evaporó al instante.
Justo cuando Sofía le estaba contando sobre las exhibiciones, llegó su tía Elisa.
Pero no estaba sola. A un paso detrás de ella, se encontraba Karla.
Sofía se tensó. Ver a su tía era esperado, pero la presencia de Karla no.
Elisa los vio en la mesa y fue directamente a saludarlos, con una sonrisa amplia y teatral.
- Buenas tardes, sobrina querida -dijo Elisa, apoyando una mano enguantada en el respaldo de la silla de Sofía- Te estuve buscando por los corrales y me dijeron que estabas almorzando.
Qué bueno encontrarte aquí.
- Buenas tardes, tía -respondió Sofía, poniéndose de pie por cortesía. Luego miró a la acompañante- Buenas tardes, Karla.
Karla le devolvió el saludo con un asentimiento elegante.
- Sofía. Es un placer verte en tu elemento.
Sofía ignoró el cumplido velado y se giró hacia su acompañante.
- Esteban, te presento a mi tía, Elisa de la Vega, la directora de la Fundación. Y bueno... a Karla supongo que ya la conoces.
Esteban, que había estado intentando volverse invisible en su silla, se levantó rápidamente, casi tirando su servilleta, y asintió con torpeza.
- Señora de la Vega. Señorita Karla. Un placer.
Elisa lo evaluó de arriba abajo en un milisegundo, catalogándolo como irrelevante, y volvió su atención a Sofía.
- Siento molestarte durante tu almuerzo, Sofía, pero los de logística del evento están hechos un lío con la distribución de las carpas. Será mejor si resolvemos ese asunto ahorita mismo antes de que los operarios se vayan.
Sofia miró su plato a medio terminar y luego a Esteban. La obligación familiar siempre ganaba la partida.
- Sí, tienes razón, tía. Es mejor dejarlo cerrado.- Se giró hacia el practicante con una disculpa sincera en los ojos- Esteban, espérame un momento, por favor. Ya regreso contigo. Termina tu comida, no tardo.
- No te preocupes, Sofía. Aquí te espero - respondió él, sentándose de nuevo.
Sofía y su tía salieron del restaurante, enfrascadas en una discusión sobre metros cuadrados y lonas impermeables.
En el momento en que desaparecieron por la puerta, el ambiente en la mesa cambió drásticamente.


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