Capítulo 308
CAPÍTULO 224
Sofía pasó la mañana revisando los corrales temporales, hablando con los cuidadores y coordinando con el equipo de sonido para la presentación de los caballos de terapia.
Cerca del mediodía, su teléfono vibró. Era Esteban. Le avisaba que ya había llegado al hipódromo, pero que se encontraba en el acceso de entrada Este y no lo dejaban pasar.
Sofía se detuvo en seco.
<<¿El acceso Este?», pensó ella.
Esa entrada era la zona de las apuestas, las taquillas y los bares de bajo nivel.
- No sé cómo terminó en el acceso Este si le mandé la ubicación de la entrada de socios -se dijo Sofía, subiéndose a un carrito de golf eléctrico para ir a buscarlo.
Condujo hasta la zona de las taquillas, que estaba mayormente desierta salvo por un par de empleados de mantenimiento y seguridad.
Vio a Esteban discutiendo con uno de los guardias del portón metálico. Llevaba ropa casual, unos vaqueros y una camisa a cuadros, pero se notaba su incomodidad en ese ambiente.
Sofía frenó el carrito de golf y bajó.
- ¡Esteban!-llamó ella.
El practicante se giró y su rostro se iluminó de alivio.
- ¡Sofia! Qué bueno que llegaste. Tuve un problema con el GPS del taxi y me dejó en la otra punta del predio. Y estos señores no me creían que venía invitado por ti.
Sofía saludó al guardia, quien asintió con respeto y abrió la puerta lateral para dejar pasar a Esteban.
- No te preocupes. Sube al carrito.
Mientras Esteban se acomodaba en el pequeño vehículo, Sofía lo observó.
-¿Almorzaste? Porque tienes cara de hambre.
Esteban negó con la cabeza.
- No, salí directo de la oficina. Solo he tomado tres tazas de café intomable de la máquina.
- Pues vamos a remediar eso. Hay un restaurante excelente aquí dentro. Yo invito.
Fueron juntos al restaurante del hipódromo, un salón elegante con ventanales que daban a la pista principal. Sofía, como miembro vitalicio, fue recibida con deferencia.
Sin embargo, mientras caminaban por el vestíbulo del restaurante hacia su mesa, ocurrió algo que rompió la armonía de la cita.
- Y cuéntame, Sofía -dijo Esteban, cortando un trozo de su filete-¿Cómo funciona todo este mundo? Tus caballos... los de carreras, ¿son rentables? ¿Conoces a los jinetes, a los jockeys famosos? Me imagino que las apuestas aquí deben mover millones los fines de semana. Debe haber un mercado negro de información muy interesante en los establos.
Sofía bajó los cubiertos y lo miró con seriedad. EI entusiasmo de Esteban por el lado turbio del hipódromo le resultó desagradable, casi invasivo.
Recordó las palabras de Thiago en la cafetería, y por un momento, la duda se instaló en su mente.
- Esteban -dijo Sofía, endureciendo un poco la voz para dejar las cosas claras- Ya te lo he dicho antes. En mi familia no participamos de carreras ni mucho menos de apuestas. Nunca lo hemos hecho y nunca lo haremos.
- Ah... ¿no? -Esteban parpadeó, disimulando su decepción.
- No. Sí, criamos caballos en la Finca Flores de la Vega que tienen unos genes muy buenos, líneas de sangre excelentes que en el mercado valdrían fortunas para las carreras. Pero nosotros, directamente, no tenemos una escudería de carreras. Como te dije, no apostamos. No lucramos con el desgaste de los animales en el circuito de apuestas.
Sofía tomó su copa de agua, manteniendo una postura de autoridad.
- Solo somos dueños de un equipo de polo por tradición, y realizamos exhibiciones de salto o terapias ecuestres. Todo el dinero que recaudamos en este hipódromo hoy, por ejemplo, va a la Fundación benéfica de la familia. Esto no es VegaCorp. El mundo de las apuestas y de los mercados negros nos es completamente ajeno y, francamente, repulsivo.
Esteban asintió lentamente, procesando la información.
- Entiendo. Qué noble de su parte. Una visión muy diferente de los negocios.
Sofía lo observó. La cita, que había empezado con la promesa de una tarde relajada, se estaba volviendo un campo de pruebas.

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