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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 306

Capítulo 306

CAPÍTULO 222

Thiago De la Vega estaba sentado en su despacho, rodeado de informes y gráficos proyectados en sus monitores.

Estaba solo.

Mateo no había pisado la oficina en toda la semana. Benicio, por su parte, apenas lograba Ilegar a tiempo durante los días laborables; esperar que apareciera un sábado era, literalmente, una idea de locos.

Thiago revisó su reloj: las 10:15 AM.

A esa hora, tenían programado un encuentro importante por videoconferencia con los socios estratégicos de Asia. Se suponía que Mateo, como Director Global de Sustentabilidad, iba a estar presente pero ahora, el niño prodigio estaba dedicado a llevar correspondencia de forma personal.

Llamarlo nuevamente sería inútil. El teléfono de Mateo enviaba directamente al buzón de voz desde el jueves.

- Deberé hacer esto solo -murmuró Thiago, cerrando la carpeta de su primo y arrastrándola hacia su lado del escritorio.

Asumir la carga no le asustaba; sin embargo, la falta de compromiso lo irritaba profundamente.

Parecía que él era el único de la Vega que recordaba que la empresa no funcionaba con buenas intenciones, sino con sacrificio.

Sintió la garganta seca. Miró su taza vacía de espresso y suspiró. Necesitaba un estímulo de cafeína antes de enfrentarse a los asiáticos.

Salió de su despacho en busca de alguien que le consiguiera un café. A pesar de ser sábado, siempre había personal de guardia en la torre:

limpieza, mantenimiento de servidores y algunos asistentes que buscaban impresionar a sus jefes haciendo horas extras. Eran pocos, pero estaban.

En su afán de encontrar a alguien que pudiera operar la máquina de café de cápsulas unos murmullos llamaron su atención.

Provenían de la sala de copias y suministros, una habitación amplia con paredes de cristal opaco ubicada cerca del departamento legal. La puerta estaba entreabierta.

Thiago se acercó, pensando en pedir el favor a quienquiera que estuviera allí. Al aproximarse, reconoció la voz de inmediato.

Era Esteban, su propio ayudante.

Thiago se detuvo, sorprendido. Al menos alguien sabía que debía estar aquí trabajando, pensó, sintiendo una pizca de aprobación. Quizás lo había juzgado mal.

- Ese es el otro punto -se quejó Esteban, adoptando una postura de víctima incomprendida - Tienes que escucharla hablar de vacunas para potrillos durante una hora. Es agotador. No quiero pasar mis fines de semana oliendoa estiércol solo para conseguir un ascenso en la junta directiva.

La otra persona se empezó a reir, un sonido cómplice y machista que resonó en la pequeña sala.

- No seas tan exigente, hombre. La mujer tiene lo suyo. Fea no es. Un par de vestidos caros y la arreglas para las galas. Además, piensa en el bono de Navidad.

- Supongo -concedió Esteban, riendo tambiénQuizás la mantenga interesada un rato más, a ver qué puedo sacar. Nunca está de más tener a una accionista comiendo de tu mano.

Thiago no quiso ser detectado. El impulso primitivo de irrumpir en la sala, agarrar al practicante por el cuello de su camisa barata y estamparlo contra la fotocopiadora industrial latía con una fuerza abrumadora en su pecho. Quería destrozarle la cara por hablar así de Sofía.

Pero Thiago de la Vega no era un matón de callejón.

Sabía que si entraba ahora y lo golpeaba, Sofía se enteraría. Y con la terquedad que caracterizaba a su prima, probablemente lo defendería. Le daría a Esteban la excusa perfecta para hacerse la víctima y afianzar su posición cerca de ella.

«No», pensó Thiago, soltando el aire lentamente, obligando a sus músculos a relajarse. <«No te voy a dar la satisfacción de ser el mártir».

Ya había escuchado lo suficiente.

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