Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 483

CAPÍTULO 72

— Augusto —dijo Carlos, con una voz que sonaba a ceniza— Necesito hablar contigo. A solas.

Augusto, que aún mantenía una mano entrelazada con la de Matilde, no se movió. La rodeó con el brazo, pegándola a su costado en un gesto de posesión y lealtad que no admitía exclusiones.

— Puedes hablar frente a mi esposa, Carlos —respondió Augusto, su voz era un barítono firme y tranquilo— He decidido que a partir de hoy no habrá secretos en esta casa. Lo que tengas que decirme a mí, ella tiene el mismo derecho a escucharlo.

Carlos alzó la vista y sus ojos se encontraron con los de Matilde. Ella reconoció de inmediato el brillo de la vergüenza en la mirada del hombre. Carlos siempre había sido el protector de Augusto, el hombre infalible, y verse en la posición de traer malas noticias que lo involucraban personalmente lo estaba carcomiendo.

Matilde, con esa sensibilidad que la caracterizaba, apretó suavemente la mano de su marido y le dedicó una sonrisa comprensiva a Carlos.

— No te preocupes, Carlos —dijo Matilde con suavidad— Entiendo que hay asuntos que requieren la privacidad de dos amigos de toda la vida. Además, tengo varias maletas que terminar de desempacar arriba. Hablen tranquilos, yo subiré a la habitación.

— No es necesario, Matilde —insistió Augusto, pero ella ya se estaba soltando de su agarre.

— Lo es para él —susurró ella al oído de Augusto antes de alejarse— Dale un momento de tu tiempo.

Carlos esperó a que el sonido de los pasos de ella desapareciera en el piso superior antes de soltar un suspiro largo, un sonido cargado de una derrota que le dolía más que cualquier pérdida financiera.

Augusto caminó hacia un par de sillones de cuero que aún olían a nuevo y señaló uno.

— Siéntate, Carlos. Estás pálido. Parece que acabas de ver a un fantasma en lugar de celebrar la boda de tu mejor amigo.

Carlos negó con la cabeza, permaneciendo de pie.

— No puedo sentarme, Augusto. La culpa no me deja.

Augusto se sirvió un vaso de agua de una jarra de cristal cercana e intentó suavizar el ambiente con un poco de ese humor ácido que solía usar para liberar tensiones.

— ¿Qué sucede? Habla de una vez, que estás interrumpiendo mi luna de miel — Le apuro Augusto, aunque en el fondo sus instintos de negociador ya le estaban advirtiendo que algo iba muy mal.

— Tenías razón, Augusto —soltó Carlos, con una amargura que detuvo el aire entre ambos.

Augusto arqueó una ceja, volviendo a su tono de suficiencia.

— Sobre qué tema, exactamente. Generalmente tengo la razón en todo, bromeó él, esperando que Carlos se relajara.

— Sobre Clara —sentenció Carlos. La palabra cayó como una losa de plomo— He roto nuestro compromiso. Ella… ella ya no es parte de mi vida.

En ese preciso instante, Augusto comprendió que no podía seguir bromeando. La máscara de ironía desapareció de su rostro, siendo reemplazada por la seriedad del hombre que ha visto demasiadas batallas. Dejó el vaso sobre la mesa y se acercó a su amigo, poniéndole una mano en el hombro.

— ¿Qué sucedió, Carlos? ¿Qué hizo esa mujer?

Carlos se cubrió el rostro con las manos por un segundo, tratando de encontrar las palabras para confesar su propia ceguera.

Capítulo 483 1

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.