CAPÍTULO 97
— Señor De la Vega, señores Valente… —saludó el abogado, haciendo una breve inclinación de cabeza antes de tomar asiento frente a ellos.
Augusto se tensó imperceptiblemente en su lugar, manteniendo la espalda recta. A su lado, Matilde apretó su mano con fuerza, transmitiéndole una calidez silenciosa pero absoluta.
— No nos haga esperar más —instó Augusto con voz firme, sosteniéndole la mirada.
— El juez ha dictado finalmente la sentencia definitiva sobre el litigio de la fortuna Thorne —empezó el abogado, retirándose las gafas para limpiarlas con parsimonia— El veredicto es sumamente complejo. Debido a las graves irregularidades en la transferencia original del extranjero y al fallecimiento repentino de Julian Thorne antes de legalizar ciertos anexos fundamentales, el juez ha determinado que no existen pruebas suficientes para validar la totalidad de su reclamación, señor de la Vega. Sin embargo, el tribunal tampoco encontró evidencias concluyentes de que el sobrino, Arthur Thorne, fuera objeto de un fraude premeditado por parte de ustedes.
Augusto cerró los ojos por un breve segundo, tomando aire y preparándose mentalmente para lo peor.
— ¿Qué significa eso en términos prácticos, señor? —preguntó Rodolfo con el hilo de voz de quien ha esperado demasiado tiempo una resolución.
— No es una decisión favorable para ninguna de las dos partes —continuó Estrada con solemnidad— ni Arthur Thorne ni usted son declarados herederos universales en este momento. La fortuna, las acciones de la empresa que construyó con ese dinero y los fondos congelados en la banca permanecerán bajo una estricta administración judicial. El juez ha dictaminado formalmente que existe un plazo de exactamente un año para que se presenten otros herederos legítimos si los hubiera, o para que alguna de las partes aporte una prueba reina irrefutable que el tribunal de apelación acepte.
— ¿Y si no pasa nada en el transcurso de ese año? —preguntó Matilde, inclinándose hacia adelante con curiosidad.
— Si al finalizar los doce meses no hay una resolución definitiva ni nuevas pruebas, el juez ha ordenado que la fortuna íntegra sea donada en su totalidad a una organización benéfica de ayuda y reconstrucción del puerto —sentenció Estrada— Es una decisión estrictamente salomónica. Nadie gana, nadie pierde… excepto que el capital queda por completo fuera de su alcance, señor de la Vega.
— Entonces es oficial —dijo Augusto, mirando fijamente hacia el horizonte iluminado por las últimas luces del día— Estoy como al principio, sin nada.
Se giró des despacio hacia el centro de la sala, y para enorme sorpresa de los Valente, no había amargura ni rencor en su rostro, sino una energía nueva, radiante y casi juvenil.
— ¿Saben qué? —dijo Augusto, y una pequeña sonrisa sincera se dibujó en sus labios— Se siente extrañamente bien. Se siente como si finalmente me hubiera quitado de encima un traje pesado que me quedaba grande.

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