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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 64

Damián

—Sabes, amigo, todo fue tan fácil. Todo lo que les ha pasado fue ocasionado por mí, incluso aquellas notas de Nicolas fueron enviadas por mí, lo usé para mantenerte centrado en él. La fuga de gas en tu casa fue mi idea, lo planee todo ese mismo día de la explosión. Salió mejor de lo que esperaba, tus amantes acosándote, el atentado hacia Antonella en Hawái y aquí en florida, todo lo he causado yo. Incluyendo el robo en la compañía. —

Ahora todo tiene sentido, siempre fue él usando a los demás.

—¿Cómo entraste aquí? —inquiero de nuevo.

—Micrófonos, Damián. Instalé micrófonos en el otro pent-house para así mantenerlos vigilados. El resto fue fácil, las llaves las obtuve sin problema, espere que Xandro y Franco hicieran su trabajo, y entre a esperarlos.

Todo se me escapó de las manos y ahora mi mujer está bajo su poder. Fui tan imbécil en no prevenir esto. Era de esperarse que buscaría la manera de acercarse a nosotros.

—Soy un genio, ¿verdad?

—Estás enfermo —dice ella. Mi pobre ángel tiembla de miedo—. No te dejarán salir con vida de aquí. Yo misma te voy a matar si es necesario.

Por más que está aterrada, no se deja intimidar por Trino, está enojada con él.

—Bueno, las probabilidades son un cincuenta y cincuenta, puedo morir escapando, o escapar y no se atrapado nunca. De igual manera lo que suceda me da igual. Porque de la manera en que suceda, estaré feliz de saber que te robé lo que más ama, y que te hice sentir lo que duele una traición de un amigo. —Bajo la mirada. No tengo nada que decir.

Cometí un error al traicionarlo con Fabiola. Sé que él estaba enamorado de ella y aun así yo… yo la envolví. Reconozco mi error y acepto mi culpa, sin embargo no permitiré que hiera a mi esposa. Que haga conmigo lo que quiera, después todo es lo que merezco por mi falta de lealtad hacia él como amigo.

—No la lastimes. —La toma del cuello y ella, en medio de defensa lo pisa, yo aprovecho la oportunidad para irme sobre él y tirarlo al suelo. Golpeo su rostro sin ningún control por haber abofeteado a mi esposa y haberle hecho pasar todo este susto. Acepto su enojo, pero no tenía por qué llegar hasta este punto.

—¡Vete ya, Antonella! —le grito para que salga de aquí, pero en un descuido mío algo caliente, pequeño y con fuerte sonido atraviesa mi abdomen.

Al momento no sentí dolor, pero ahora poco a poco lo comienzo a sentir. Me levanto con mi mano puesta en la herida y giro sobre mis pies para observar a mi hermoso cielo, que cubre su boca al notar mi camisa con una mancha roja, que la humedece con cada segundo.

Caigo de rodillas al suelo y cierro mis ojos de golpe. No me duele la herida de bala, me duele no poder hacer lo suficiente para salvarla.

—Oh, no, no, no, no. —Sus lágrimas salen sin detenerse. Entra en crisis y empieza a gritar por ayuda.

—No te mueras aun, primero tienes que verla a ella morir. —Pasa por mi lado para lastimar a mi mujer.

Con mis pocas fuerzas, me levanto de nuevo, lo sujeto de la camisa y lo jalo hacia atrás. Ambos caemos al suelo. Su puño se impacta en la herida que me hizo. Grito con desespero por ese jodido dolor. No me detengo y peleo con él a puño. Este punto solo lucho por la vida de ella y la mía, necesitara más de una bala para acabar conmigo.

Prometí estar a su lado y no moriré aquí. Lolo muerde el tobillo de Trino, pero él le da con su pie, mandando lejos a mi melenudo quien solo buscaba de defendernos. Algo en mí crece con furia. Mi puño se impacta con mucha fuerza en su rostro, haciéndolo sangrar de inmediato. No tiene derecho de venir aquí y maltratar a mi familia.

Antonella va en busca de nuestro pequeño y corre hacia la salida para pedir ayuda por la bocina que está en la puerta y se comunica con recepción.

Ya no siento mi cuerpo y todo comienza a nublarse.

Trino aprovecha la oportunidad y me golpea en el rostro. Noto que busca con desespero su arma.

Mi cuerpo no quiere responder. Lucho para ponerme de pies y me cuesta, ya he perdido mucha sangre.

Me levanto aun cuando me cueste y voy detrás de el para impedir que llegue a ella, sin embargo la jala del cabello cuando ve que intenta salir corriendo por las escaleras de emergencia y la tira al suelo para golpearla.

—¡Maldito! —Me le abalanzo encima.

Rodamos por las escaleras hasta golpearnos contra una pared. En estos momento siento que no puedo más, sin embargo, no puedo dejar que llegue a ella.

—Aléjate de mi esposo—Aún con mi vista nublada puedo ver cómo mi princesa sostiene el arma y le apunta—. No dejaré que lastimes al hombre que amo, Trino. Lamento lo que Damián hizo, pero está no era la manera de solucionarlo. —Dice entre lagrimas y miedo.

—No tienes el valor de hacerlo, Antonella, no eres tan fuerte. —Se incorpora.

—Soy capaz de todo con tal de que él esté bien, Trino. No me conoces, no sabes lo poderoso que es nuestro amor. Es tan poderoso que si tengo que ensuciarme las manos para que él viva lo haré. Te metiste con mi marido, intentaste lastimarme, puedo comprender por lo que estás pasando y acepto que estés enojado con él, pero no puedo dejar que lo mates. —No deja de llorar mientas le apunta—. Te vi como de la familia.

—Digas lo que digas —Saca una navaja de su bolsillo y la señala con ella—. Veamos qué tan atrevida eres. —Intenta ir por ella, pero yo sujeto su pie hasta hacerlo caer.

—¡Ya vete, Antonella!

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