—La escuela es una completa mierda-
Liz gruñe y Luke besa su mejilla.
—No es tan mala, bebé .- susurra y
Liz bufa— vamos, recuerda que si
no hubiese sido por la escuela no nos
hubiésemos conocido-canturrea, Liz
sonríe y lo besa. Sonrío.
—¿Saben? Los dejare solos, ire por...
algo— digo simplemente y me levanto, caminando sin una
dirección en específico.
Comienzo a caminar tratando de buscar a alguien con quien
hablar, pero no encontraba a nadie.
Bufo y decido entrar al salón de clases, entonces es cuando
me encuentro con el profesor Payne sentado firmando unos papeles, me mira y yo
sonrío.
-Buen día, señor Payne- murmuro y
él me sonríe de vuelta... extraño.
—Buen día, señorita Welsch .-
responde y sigue firmando. Me siento
en mi escritorio y saco mi cuaderno, .- la clase no ha
empezado-ríe y yo sonrío.
—Lo sé, es que estaba aburrida allá
fuera y como faltan algunos minutos
pensé en distraerme un poco.-
murmuro y él asiente.
Entonces abro mi cuaderno en una hoja en blanco y comienzo a
escribir palabras en diferente tipos de letra.
'Wow, Franchesca , eres la persona más
divertida del mundo.
—¿Sabes? La mayoría de los chicos de
tu edad ruegan por diez minutos más
de receso y tu vienes y te sientas aquí a perder el
tiempo-el señor Payne ríe y yo me encojo en hombros.
Un silencio incómodo se hace presente de nuevo y entonces
suspiro.
—¿Le gusta?- pregunto y lo volteo
a ver, él me mira confundido— ser
profesor- susurro y él suspira.
-Si no me gustase ¿por qué estaría
aquí?- responde y yo me encojo en
hombros, y sigo escribiendo.
—Tener un poco de dinero—
murmuro y él ríe.
-Buena esa.
-¿Es malo?
—No malo, pero no tan bueno como
desearía- dice y yo relamo mis
labios.
No podía verlo a la cara, por
alguna razón.
—¿Y por qué no lo demuestra?-
pregunto y lo miro de reojo, captando
como cierra su carpeta y deja su pluma en el escritorio.
-¿Qué?
—Que le gusta enseñar.
—Por supuesto que lo demuestro— dice ofendido y yo río
sarcástica.
—Por supuesto.- murmuro y escucho
sus pasos.
—¿Alguna sugerencia para ser maestra, señorita Welsch ?—pregunta
en cuanto se sienta enfrente de mi, niego y sigo escribiendo— míreme a los ojos
cuando le hablo-ordena y yo lo miro por unos segundos y vuelvo a bajar la
mirada- señorita Welsch le acabo
de dar una orden- dice y puedo escuchar el enojo en su voz, trago saliva.- ¡Que
me mires te he dicho!- exclama y yo me exalto, entonces siento sus manos sobre
mis mejillas, apretando un poco de estas, abro mis ojos como platos y lo miro—
¿alguna sugerencia?- pregunta y yo trago saliva, niego— no te escucho.
—No.- murmuro y él alza sus cejas.
-¿No qué?
—No tengo una sugerencia- digo y él
entrecierra sus ojos.
Entonces suelta mis mejillas levemente y me mira
directamente, relamo mis labios y trago saliva de nuevo.
El primer timbre suena y el señor Payne me sigue mirando,
frunzo el ceño.
—La espero en mi oficina al final de su última clase,
señorita— murmura y yo arrugo mi nariz.
—¿Por qué?
-Detención.- dice y yo ruedo mis
ojos.
Unos segundos después todos comienzan a entrar y el señor
Payne
comienza con su aburrida clase. Puedo jurar que mi cuerpo se
relajaba al escuchar el timbre finalmente sonar, suspiro de alivio y guardo mi cuaderno.
Clase libre, lo mejor de la....
-Buenas tardes, clase..-
Frunzo el ceño y sacudo mi cabeza al
escuchar su voz, miro hacia arriba y
simplemente lo veo.
—¿Ignacio?- susurro y veo como relame
sus labios y sonríe al dejar su maletín
en el escritorio. El suspira.
—Es bueno estar de vuelta, ya los
extrañaba chicos-murmura y escucho
la voz de todas las chicas murmurar-
bien, creo que a estas alturas es bueno
seguir con clases, así que todos habrán sus libros en la
página 134.
Mierda, se ve tan guapo. Relamo mis
labios y hago lo que el dice. Tomo mi
lápiz y comienzo a sacar punta de
este, y veo como la pequeña cajita de
basura estaba llena, bufo. Levanto mi
mano y veo como Ignacio me mira y
relame sus labios.
-¿Si?
—¿Puedo ir al cesto de basura a
tirar esto?- pregunto enseñándole
mi sacapuntas.
-Adelante- asiente y comienza a leer
del libro, yo me levanto y camino hasta atrás, donde se
encontraba el cesto y tiro lo indicado, entonces mi jodido sacapuntas cae en el
cesto, frunzo el ceño. ¿Vale la pena? Ah, al carajo. Me agacho un poco y tomo
este. Entonces vuelvo a mi escritorio y sigo la lectura.
La clase sigue con Ignacio explicando
ciertas cosas sobre las normas en el país y en la sociedad.
Algo extraño, pero bueno. Entonces el timbre suena y yo comienzo a guardar mis
cosas y todo mundo comienza a salir.
—¿Vienes?— escucho la voz de Liz
preguntarme y yo niego.
—Tengo que ir a la oficina del
señor Payne.
—¿Para qué?
-Detención-respondo y ella asiente,
entonces se va.
Entonces al tener mi mochila lista
escucho la puerta ser cerrada. Miro
hacia enfrente y veo a Ignacio sentado en su escritorio
firmando algunos papeles
¿qué traen ahora los profesores?
Coloco mi mochila en mi hombro, suspiro y camino hacia la
salida.
—Hasta luego, señorita Welsch -
Ignacio murmura y yo suspiro.
–Adiós, señor Diaz- digo y abro la
puerta, pero escucho su risa-¿qué?.-
pregunto y él niega.
—Que tenga un buen día.-dice
simplemente, yo bufo y salgo del aula
entonces comienzo a caminar hasta la oficina del señor Payne
y lo encuentro justamente como antes: firmando papeles.
—¿Por qué firma tanto papel?-
pregunto desde la puerta y él alza
su mirada.
-Adelante- dice y yo cierro la puerta
y me siento en la silla frente a él.
Ambos guardamos silencio por unos segundos y yo alzo mis
cejas hacia él.
-¿Entonces?—pregunto y él me
mira confundido.
-¿Disculpe?
—Que si porque firma tanto papeleo-
digo y él suspira.
—Cosas de trabajo.- dice y sigue con lo
suyo. Frunzo el ceño.
—¿Y cuál va a ser mi castigo?.-
pregunto y él me mira confundido-
ya sabe, detención.
—Estas en detención y tu castigo es
estar conmigo una hora completa
— dice y yo bufo.
Dejo mi mochila en la otra silla y cruzo mis piernas. No me
molestaba el hecho de estar aquí, me molestaba el hecho de que no me ponía
atención. Lo odiaba. Comienzo a moverme incómoda, y al ver que no captaba su
atención comencé a toser.
En cuanto me mira confuso sonrío.
-Es de mala educación hacer otra
cosa mientras tiene visitas- digo y
bato mis pestañas.
El alza sus cejas y sigue haciendo lo que se encontraba
haciendo antes. Bufo y me cruzo de brazos. Comienzo a moverme como un jodido
gusano. Estaba completamente aburrida, así que comencé a ver las cosas del
señor Payne. Libros, libros y más libros,
- ¿por qué no tiene fotografías?— pregunto y él me ignora—
linda pelota— digo al ver una pelota de béisbol en su estante.
-¿No te enseñaron a no hurgar en las
cosas de los demás?- pregunta y yo me
encojo en hombros.
-Me enseñaron que siempre hay
que tratar como te traten, así que si
usted me ignora, yo hurgo en sus cosas — digo y él bufa.
-Como sea- dice y yo suspiro.
Me siento en el suelo y miro al señor Payne.
-¿Si no me va a poner un castigo por
qué me tiene aquí?- pregunto y él me
ignora por completo, bufo.
Entonces tomo mi mochila, tomo un cuaderno y una pluma,
después me recuesto en el suelo, doblo mis rodillas y comienzo a hacer
garabatos. Relamo mis labios en concentración y en cuanto escucho una alarma
sonar me exalto.
-Puede salir- el señor Payne murmura, yo guardo mis cosas y
me levanto
feliz.
Al fin. Me coloco mi mochila en el hombro y salgo casi
brincando de
felicidad, es entonces cuando veo a
Ignacio saliendo sonriente de su cubículo detrás de una chica,
frunzo el ceño. La chica simplemente agradece y se va sonriendo, relamo mis
labios al verlo y él me mira de vuelta, trago saliva.
-Señorita Welsch .- escucho como
el señor Payne me llama, volteo a verlo y me extiende algo
en su mano, frunzo el ceño y veo mi pequeña cadena en su mano- se le cayó al
salir- susurra y yo agradezco por lo bajo. La tomo y sonrío por dentro.
—¿Profesor..?.- lo llamo en un
susurro enseñándole la cadena y él, al
entender mis señas, asiente y yo tomo
mi cabello.
Entonces toma mi cadena, la pasa por mi cuello y sufre al
tratar de colocármela, pero lo logra, sonrío
— gracias- susurro y suelto mi cabello.
Comienzo a caminar hasta salir de la
escuela y es cuando recuerdo: tenía
que irme caminando, joder. Suspiro
y comienzo a caminar, adiós ir por
chocolate caliente. Sigo caminando
por alrededor de quince minutos
cuando veo un auto negro andar lento, enseguida de mi. Ruedo
los ojos.
-Sube— Dice Ignacio y yo río.
—Si, claro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Daddy