-Te propongo algo- Dice Ignacio
cruzando la puerta de su habitación
con un pastelito en su mano.
—Si no tiene que ver con sexo, lo
acepto. Sea lo que sea- digo y él bufa.
-Eres aburrida— dice y camina hasta
la cama, donde se sienta enfrente de mi
y me besa, yo me separo de él.
—Yo no soy aburrida-gruñó y él
sonríe sin mostrar sus dientes—dime tu
propuesta— digo y él relame sus labios
-Te iba a decir que si bailabas sólo para
mi, te invitaba a cenar- dice y yo ruedo
mis ojos
- Es nuestro día, tu deberías ser el que me de el baile a
mi- digo y él rueda
los ojos.
-Si me invitas a cenar te bailo-dice y
yo asiento.- ¡lo qué pasa es que tu eres
jodidamente sexy, yo no!- exclama y yo
entre abro mi boca.
Es estúpido que él diga eso. Ignacio es el
hombre más caliente que he conocido
jamás.
-Tu eres muy sexy.- Digo y él sonríe
Entonces su mano se coloca sobre mi
mejilla, acariciando esta. Sus ojos miran
hacia mis labios y hacia mis ojos y
comienza a acercarse a mi.
—¿A dónde? - pregunto en un susurro y
él sigue acercándose lentamente a mi.
-A donde tú quieras- dice y en cuanto
sus labios rozan los míos yo entre abro
mi boca, permitiéndole completamente
apoderarse de mis labios.
Ignacio me besa lentamente, en una mezcla de un beso
jodidamente sexy y tierno a la vez. Su lengua se introducía a mi cavidad bucal
y sus dientes mordían mis labios
- Te amo.- Susurra y yo sonrío por inercia.
Cada vez que el pronunciaba esa frase
sentía un escalofrío por todo mi cuerpo.
Me gustaba que esas palabras salieran de la boca de Ignacio,
me hacían sentir... bien.
Siento como Ignacio sube mi blusa un
poco y con sus manos frías comienza a
acariciar mi cintura. Yo paso mis manos
por su duro pecho sobre su camisa.
-Mierda, me encanta tu pecho-gruñó y
él sonríe.
-Y a mi el tuyo— dice y yo río.
Entonces veo como se separa un poco de mi y me mira, observa
cada detalle de mi rostro, y yo simplemente miro sus ojos.
—¿Qué pasa?– pregunto y él
simplemente niega y se separa un poco
más de mi.
—La Gavroche.- Susurra y yo frunzo
el ceño.- Vamos a La Gavroche .- Dice,
levantándose del sillón y colocándose en cuclillas frente a
mi. Yo río sarcástica.
-¡No!- exclamo y él acaricia mis rodillas
— Ignacio, no pienso pagar trescientas
libras por una ensalada.- Digo obvia y él
rie.
—Yo pagó- dice y yo niego.- Es nuestro
Día, déjame invitarte a cenar.-
susurra y sube su tacto.
- Ignacio, estoy bien con pedir una pizza
a aquí- murmuro y él aprieta mis
muslos, gimo— no hagas eso- digo y él
se levanta, entonces comienza a caminar escaleras arriba sin
decir nada, frunzo el ceño pero decido no moverme.
Tomo un pastelillo y comienzo a comerlo. Entonces
simplemente escucho pasos, sabía que era Ignacio.
Entonces coloca una gran caja de regalo frente a mi y yo lo
miro
confundida.
-Feliz aniversario, bebé- dice y yo abro
mis ojos como platos.
- Es demasiado, yo no te traje nada— digo y él rueda los
ojos.
-¿Alguna vez has aceptado algo sin
quejarte sobre lo mucho o poco que es? Aparte con que estés
conmigo ahora es suficiente .- Dice y puedo ver como estaba un poco frustrado,
yo trago saliva y miro la caja.
Entonces la abro sin entusiasmo.
Odio que me regañen, mucho más cuando se trata de Justi ,
porque se que es la persona más linda y paciente y cuando me regaña me siento
mal. Hago
un puchero mientras deshago el moño.
—Lo siento.- Susurro y lo abrazo, él me
abraza de vuelta- es que no me gusta
que gastes en mi, porque siento que
piensas que te quiero sólo por tu dinero, y no es así-
aclaro y beso su cuello.- Te quiero.- Murmuro y me quedo en el hueco de su
cuello, me encanta su aroma
—Bebé, yo se que esas no son tus
intenciones. Y no tienes que pedir perdón por nada- susurra
y besa mi nuca .- vamos, enseñame una de tus hermosas sonrisas y abre tu
regalo.- entonces yo asiento y le sonrío.
Yo tomo la tapa de la caja y la levanto, puedo ver como
había otras cajas adentro, miro a Ignacio y él se encoje en hombros. Todas
estaban en vueltas en papel.
-Ja, ja ja .- río sarcástica sacando las cajas y colcándolas
sobre el sofá.
Comienzo a desenvolver los regalos y comienzo a ver ciertos
nombres en las cajas que volverían loca a cualquier chica
- debes de estar jodiendome— digo y miro a Ignacio
—No digas nada-me dice y yo trago
saliva.
- Ignacio..
-No es demasiado, es para esta noche-
dice y yo frunzo el ceño.
Entonces abro la caja, donde podía encontrar un hermoso
vestido gucci.
-¿Cómo demonios encontraste un
vestido tan bonito en Gucci?-pregunto
Y él rie- toda la ropa es tan rara y este
vestido en realidad es lindo. Es casual,
pero a la vez elegante. Me encanta- digo
y lo abrazo.- gracias.
—Pero anda sigue que quedan otros
– dice y me apunta a las otras cajas.
Abro una un poco más pequeña y me
encuentro con una bolsa y un monedero de la misma marca,
igual de preciosa e incluso combinaba. No se que mierdas pensar. Sólo la bolsa
debió costar cientos de libras, joder. Trago saliva y abro el otro regalo: unos
tacones altos, sonrío al ver a Ignacio y los hago a un lado.
Juro que no puedo soportar ver más cosas caras en estas
cajas. Miro a Ignacio y lo beso, colocándome sobre él.
-Bebé, tus....
-Al diablo los regalos, lo único que
quiero es a ti Daddy.- Gruñó contra sus
labios.
Ignacio coloca sus manos sobre mi
culo y comienza a acariciar este.
-Me vuelves loco, Franchesca .- Ignacio gruñe
contra mi boca y yo sonrío.
Comienzo a desabotonar su camisa y entonces beso desde su
mandíbula hasta su pecho. Siento el agarre más fuerte de Ignacio, logrando que
soltara un gemido y él se levanta, yo lo beso y él me sigue.
Curiosamente de un segundo a otro estábamos subiendo las escaleras...
Bueno, él estaba subiendo
las escaleras conmigo en sus brazos. En
cuanto entramos a su habitación puedo
ver como se dirigía directamente a su baño, donde me desnuda
por completo pero con paciencia y ternura. Y abre la llave de su ducha, para después
deshacerse de sus prendas.
Miro a Ignacio detenidamente. Mierda que era caliente.
-Eres caliente- digo mientras él se
quitaba sus bóxers, dejando al aire,
libre su polla erecta, siento mis mejillas
sonrojarse.
Debo de acostumbrarme ya, siento que me veo ridícula cada
vez que esto me pasa. Ignacio me sonríe y se acerca
a mi, tomando mi cintura y besándome.
-Tu me calientas- dice y yo río,
entonces ambos nos introducimos al
agua.
-¡Mierda, esta fría! - exclamo saliendo
de la ducha, casi cayendo. Noto como
Ignacio me miraba preocupado, yo río.
-¿Está fría?- pregunta confundido.
El estaba completamente dentro del
agua, yo frunzo el ceño y asiento.- Ah mi no me parece- dice
y le abre un poco
a la caliente, yo paso mi mano y hago
berrinche al sentir aún el agua fría.
Ignacio cierra un poco más el agua helada hasta que esta
queda tibia yo le introduzco con él y le abro un poco más a la caliente
- ¡Mierda que esta hirviendo!- exclama

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