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Daddy romance Capítulo 37

Llevo un poco más de dos meses viviendo con Ignacio y cada

día no paro de pedir más tiempo con él. Lo miro: su rostro sobre mi hombro, sus

ojos cerrados, sus brazos abrazando mi cintura, sus piernas entre las mías y

sus leves ronquidos me causaban una paz interior que no puedo describir.

Despertar de esta manera todos lo días es lo mejor que me

puede pasar en

la vida.

Acaricio el rostro de Ignacio unos segundos y retiro algunos

de sus mechones rizados de su rostro, para poder apreciarlo mejor.

Es tan... hermoso.

No puedo creer que sea 9 años mayor que yo, no se siente

como si fuera

de esa manera. A veces quisiera que

Ignacio fuera de mi edad, o por lo menos

no tan... mayor. Pero se que si ese fuera

el caso quizás ni estaríamos juntos, no

con la diferencia de sociedades entre

nosotros.

Escucho el teléfono de Ignacio sonar y veo como él ni

siquiera se inmuta, y yo estoy apunto de no hacerlo pero el sonido me

desconcentra de mi dura tarea de admirarlo. Entonces me separo de él colocando

una almohada entre sus brazos y camino hasta la mesa de noche que estaba de su

lado. Miro la pantalla:

"Cygnet"

Entonces el teléfono deja de mostrar la

barra de deslizamiento para contestar y

solo muestra una llamada perdida de este número que Ignacio tenía

grabado.

Pero sólo una duda viene a mi cabeza: ¿quién o qué demonios

es Cygnet?

De pronto siento unos brazos que me

jalan con brusquedad hacia la cama me

sacan de mis pensamientos. Me quejo

cuando caigo duramente sobre Ignacio,

pero él no parece haber sentido nada

-Buenos días, amor-susurra, yo no me

evito sonreír al escuchar su voz ronca

mañanera y ver sus ojos hinchados por el sueño- ¿despertaste

hace mucho?- me

pregunta y yo niego, él sonríe levemente antes de suspirar.

-Alguien te llamo- no me evito decir al

sentir que la duda me picaba, Ignacio alza sus cejas y

estira su brazo hasta alcanzar su celular.

En cuanto ve la pantalla su mandíbula se tensa y su ceño se

frunce

- ¿quién es?.- Pregunto y él me mira,

entonces sacude su cabeza.

-Oh, no es nada importante-niega y yo

lo conozco lo suficiente para saber que

miente. Suspiro, lo miro y no evito pensar en la chica que

él había mencionado hace bastante tiempo y que no había salido de mi mente.

Asiento y decido seguirle el juego.

-¿Quieres comer?-pregunto y él

balbucea.

—Lo que se me antoja no está en la

cocina-hace un puchero y yo siento mis

mejillas sonrojarse.

Y después de algunos besos, toques y

coqueteos, bajamos a comer. Ignacio

se dedica a hacer la salsa mientras yo

preparo la pasta. En cuanto ambos

terminamos nos sentamos en la barra a

comerlo, y no paro de reír cuando siento las miradas

repentinas de Ignacio junto con su juego de toqueteos con sus pies en mis

piernas.

En cuanto terminamos de comer Ignacio no duda en besarme y

yo siento cierta vergüenza pues no había cepillado mis dientes. Pero a Ignacio no

parece importarle. Siento como Ignacio

me recuesta suavemente sobre el sofá y

comienza a tocar cada parte de mi cuerpo son sus ásperas

manos.

Entonces mi mente no deja de repetirme miles de cosas.

Está escondiéndote algo. Pregúntale sobre Cygnet. Pregúntale

sobre Grace.

Me separo de Ignacio tratando de

recuperar el aliento y veo como él me

mira sonriente con sus labios sumamente rojizos e hinchados.

En cuanto coloca sus manos en el elástico de mis bragas me tomo de valor y

pregunto:

-¿Quién es Cygnet?– pregunto y Ignacio

me mira confundido— ya sabes, te marco esta mañana.- Susurro

nerviosa y lo miro a los ojos, él niega.

-Amor, no es nada importante, es sólo

trabajo.- Se encoge en hombros y yo

suspiro.

Miro directamente sus ojos y se que no me esta siendo

sincero del todo.

— Ignacio, por favor se honesto conmigo

- digo casi suplicando y él exhala

fuertemente.

-No es nada importante, déjalo estar

– dice simplemente, con cierto tono

molesto.

Frunzo el ceño. Entonces cientos

de escenarios en mi cabeza comienzan

a formarse: nombres de bares, chicas,

prostitutas, o incluso un seudónimo para aquella chica de

mis pesadillas.

Todo estaba pasando por mi mente en ese momento causando que

cierta ira brotara en mi.

-Ah, vale- digo simplemente y me levanto, la mano de Ignacio

toma

fuertemente mi muñeca y me jala de

nuevo hacia él y suspira.

—Bebé, ¿Que te pasa? no te enojes

-No es nada importante, déjalo estar.-

repito sus palabras y veo como escanea

mi rostro y me suelta.

Comienzo a caminar escaleras arriba hasta llegar a su

clóset, me deshago de la camisa de él que traía puesta y comienzo a colocarme

unos skinny jeans color azul claro junto con una blusa un poco suelta blanca y

unos tenis del mismo color de la blusa,

tomo un suéter que era un poco grande y me lo coloco igual.

-¿A dónde vas?— me pregunta el, quien se encontraba

recargado en el marco de la puerta.

Me resigno a contestar y en cuanto tomo uno de mis bolsos

camino hasta la habitación, empujando con mi hombro al hombre que se encontraba

en mi camino

-oh, vamos. No seas ridícula...

-¿Ridícula yo?.- Pregunto y estoy apunto

de estallar, por los celos, por el coraje y

por la tristeza que siento de saber que

Ignacio me escondía algo.

Pero decido cerrar mi boca y simplemente salir corriendo de

su casa.

Escucho los llamados de Ignacio para

que vuelva, pero sé que se encontraba

desnudo y que tenía unos minutos de

ventaja, así que tomo mi teléfono y llamo a Liz, pero

después de diez intentos me canso de escuchar el buzón de voz.

Relajo mi ritmo y decido introducirme en una cafetería que

en realidad no conocía.

En cuanto estoy dentro no dudo en

caminar hasta la barra para pedir un té

de manzana canela para relajarme, pago y suspiro.

Decido sentarme en una de las mesas

para dos, pues no había de una sola

persona. Miro como en mi teléfono ya

comenzaba a tener llamadas perdidas de Ignacio, niego y

bloqueo este. En cuanto llaman mi nombre, tomo mi té y camino de nuevo hasta la

mesa, bebiendo de este mientras pienso.

¿Por qué tiene que esconderme cosas? Yo le he dicho todo,

nunca le oculto nada. Sé que esa tal Grace es alguien de su pasado, no entiendo

porque siente la necesidad de ocultarlo todo conmigo.

¿No confía en mi? ¿Seguirá sintiendo algo por ella y es por

eso que no me dice nada? ¿La extraña?

-¿Qué haces por aquí, pequeña?

escucho una voz conocida preguntar,

miro hacia arriba y frunzo el ceño al

encontrarme con unos conocidos ojos

azules.

–Vine a tomar un té- murmuro y el

sonríe.

-¿Te molesta si te hago compañía?- pregunta y yo niego.

Entonces en cuanto su anatomía se encuentra frente a mi,

deja su café sobre la mesa y sus ojos azules comienzan a mirarme, yo

simplemente

bajo mi mirada

- algo pasó entre él y tu, ¿no es así?- pregunta y yo bufo,

mirando hacia otro lado.

Siento mis ojos comenzar a arder pero no dejo que salgan.

—No es nada importante- murmuro,

encogiéndome de hombros y le doy un

sorbo a mi té.

Él guarda silencio unos minutos pero simplemente asiente.

—¿Para él o para ti??- me pregunta y yo

lo miro a los ojos, y por unos segundos me siento segura

haciéndolo, como si hubiera encontrado a la persona correcta para confiar.-

porque si es importante para ti, entonces si es importante. El hecho de que a

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