Llevo un poco más de dos meses viviendo con Ignacio y cada
día no paro de pedir más tiempo con él. Lo miro: su rostro sobre mi hombro, sus
ojos cerrados, sus brazos abrazando mi cintura, sus piernas entre las mías y
sus leves ronquidos me causaban una paz interior que no puedo describir.
Despertar de esta manera todos lo días es lo mejor que me
puede pasar en
la vida.
Acaricio el rostro de Ignacio unos segundos y retiro algunos
de sus mechones rizados de su rostro, para poder apreciarlo mejor.
Es tan... hermoso.
No puedo creer que sea 9 años mayor que yo, no se siente
como si fuera
de esa manera. A veces quisiera que
Ignacio fuera de mi edad, o por lo menos
no tan... mayor. Pero se que si ese fuera
el caso quizás ni estaríamos juntos, no
con la diferencia de sociedades entre
nosotros.
Escucho el teléfono de Ignacio sonar y veo como él ni
siquiera se inmuta, y yo estoy apunto de no hacerlo pero el sonido me
desconcentra de mi dura tarea de admirarlo. Entonces me separo de él colocando
una almohada entre sus brazos y camino hasta la mesa de noche que estaba de su
lado. Miro la pantalla:
"Cygnet"
Entonces el teléfono deja de mostrar la
barra de deslizamiento para contestar y
solo muestra una llamada perdida de este número que Ignacio tenía
grabado.
Pero sólo una duda viene a mi cabeza: ¿quién o qué demonios
es Cygnet?
De pronto siento unos brazos que me
jalan con brusquedad hacia la cama me
sacan de mis pensamientos. Me quejo
cuando caigo duramente sobre Ignacio,
pero él no parece haber sentido nada
-Buenos días, amor-susurra, yo no me
evito sonreír al escuchar su voz ronca
mañanera y ver sus ojos hinchados por el sueño- ¿despertaste
hace mucho?- me
pregunta y yo niego, él sonríe levemente antes de suspirar.
-Alguien te llamo- no me evito decir al
sentir que la duda me picaba, Ignacio alza sus cejas y
estira su brazo hasta alcanzar su celular.
En cuanto ve la pantalla su mandíbula se tensa y su ceño se
frunce
- ¿quién es?.- Pregunto y él me mira,
entonces sacude su cabeza.
-Oh, no es nada importante-niega y yo
lo conozco lo suficiente para saber que
miente. Suspiro, lo miro y no evito pensar en la chica que
él había mencionado hace bastante tiempo y que no había salido de mi mente.
Asiento y decido seguirle el juego.
-¿Quieres comer?-pregunto y él
balbucea.
—Lo que se me antoja no está en la
cocina-hace un puchero y yo siento mis
mejillas sonrojarse.
Y después de algunos besos, toques y
coqueteos, bajamos a comer. Ignacio
se dedica a hacer la salsa mientras yo
preparo la pasta. En cuanto ambos
terminamos nos sentamos en la barra a
comerlo, y no paro de reír cuando siento las miradas
repentinas de Ignacio junto con su juego de toqueteos con sus pies en mis
piernas.
En cuanto terminamos de comer Ignacio no duda en besarme y
yo siento cierta vergüenza pues no había cepillado mis dientes. Pero a Ignacio no
parece importarle. Siento como Ignacio
me recuesta suavemente sobre el sofá y
comienza a tocar cada parte de mi cuerpo son sus ásperas
manos.
Entonces mi mente no deja de repetirme miles de cosas.
Está escondiéndote algo. Pregúntale sobre Cygnet. Pregúntale
sobre Grace.
Me separo de Ignacio tratando de
recuperar el aliento y veo como él me
mira sonriente con sus labios sumamente rojizos e hinchados.
En cuanto coloca sus manos en el elástico de mis bragas me tomo de valor y
pregunto:
-¿Quién es Cygnet?– pregunto y Ignacio
me mira confundido— ya sabes, te marco esta mañana.- Susurro
nerviosa y lo miro a los ojos, él niega.
-Amor, no es nada importante, es sólo
trabajo.- Se encoge en hombros y yo
suspiro.
Miro directamente sus ojos y se que no me esta siendo
sincero del todo.
— Ignacio, por favor se honesto conmigo
- digo casi suplicando y él exhala
fuertemente.
-No es nada importante, déjalo estar
– dice simplemente, con cierto tono
molesto.
Frunzo el ceño. Entonces cientos
de escenarios en mi cabeza comienzan
a formarse: nombres de bares, chicas,
prostitutas, o incluso un seudónimo para aquella chica de
mis pesadillas.
Todo estaba pasando por mi mente en ese momento causando que
cierta ira brotara en mi.
-Ah, vale- digo simplemente y me levanto, la mano de Ignacio
toma
fuertemente mi muñeca y me jala de
nuevo hacia él y suspira.
—Bebé, ¿Que te pasa? no te enojes
-No es nada importante, déjalo estar.-
repito sus palabras y veo como escanea
mi rostro y me suelta.
Comienzo a caminar escaleras arriba hasta llegar a su
clóset, me deshago de la camisa de él que traía puesta y comienzo a colocarme
unos skinny jeans color azul claro junto con una blusa un poco suelta blanca y
unos tenis del mismo color de la blusa,
tomo un suéter que era un poco grande y me lo coloco igual.
-¿A dónde vas?— me pregunta el, quien se encontraba
recargado en el marco de la puerta.
Me resigno a contestar y en cuanto tomo uno de mis bolsos
camino hasta la habitación, empujando con mi hombro al hombre que se encontraba
en mi camino
-oh, vamos. No seas ridícula...
-¿Ridícula yo?.- Pregunto y estoy apunto
de estallar, por los celos, por el coraje y
por la tristeza que siento de saber que
Ignacio me escondía algo.
Pero decido cerrar mi boca y simplemente salir corriendo de
su casa.
Escucho los llamados de Ignacio para
que vuelva, pero sé que se encontraba
desnudo y que tenía unos minutos de
ventaja, así que tomo mi teléfono y llamo a Liz, pero
después de diez intentos me canso de escuchar el buzón de voz.
Relajo mi ritmo y decido introducirme en una cafetería que
en realidad no conocía.
En cuanto estoy dentro no dudo en
caminar hasta la barra para pedir un té
de manzana canela para relajarme, pago y suspiro.
Decido sentarme en una de las mesas
para dos, pues no había de una sola
persona. Miro como en mi teléfono ya
comenzaba a tener llamadas perdidas de Ignacio, niego y
bloqueo este. En cuanto llaman mi nombre, tomo mi té y camino de nuevo hasta la
mesa, bebiendo de este mientras pienso.
¿Por qué tiene que esconderme cosas? Yo le he dicho todo,
nunca le oculto nada. Sé que esa tal Grace es alguien de su pasado, no entiendo
porque siente la necesidad de ocultarlo todo conmigo.
¿No confía en mi? ¿Seguirá sintiendo algo por ella y es por
eso que no me dice nada? ¿La extraña?
-¿Qué haces por aquí, pequeña?
escucho una voz conocida preguntar,
miro hacia arriba y frunzo el ceño al
encontrarme con unos conocidos ojos
azules.
–Vine a tomar un té- murmuro y el
sonríe.
-¿Te molesta si te hago compañía?- pregunta y yo niego.
Entonces en cuanto su anatomía se encuentra frente a mi,
deja su café sobre la mesa y sus ojos azules comienzan a mirarme, yo
simplemente
bajo mi mirada
- algo pasó entre él y tu, ¿no es así?- pregunta y yo bufo,
mirando hacia otro lado.
Siento mis ojos comenzar a arder pero no dejo que salgan.
—No es nada importante- murmuro,
encogiéndome de hombros y le doy un
sorbo a mi té.
Él guarda silencio unos minutos pero simplemente asiente.
—¿Para él o para ti??- me pregunta y yo
lo miro a los ojos, y por unos segundos me siento segura
haciéndolo, como si hubiera encontrado a la persona correcta para confiar.-
porque si es importante para ti, entonces si es importante. El hecho de que a

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