Franchesca pov's
Despierto al sentir una luz en mis ojos,
arrugo mi nariz y trato de girarme pero
un peso me lo impide. Abro mis ojos y
siento el dolor invadir mi cabeza.
-Mierda- maldigo y vuelvo a cerrar
mis ojos. Trato de moverme pero algo me detenía.
-Amor, no te muevas tanto- una voz
ronca murmura y siento como mi cuerpo se relaja. Extrañaba
tanto su voz.
-Ignacio -suspiro y beso su pecho.
-¿Cómo te sientes?- me pregunta y se
separa un poco de mi, mirándome.
-Me duele mi cabeza-hago un puchero
y él sonríe.
Él pasa un mechón de mi cabello por detrás de mi oreja y
besa mi frente.
-Me diste el susto de mi vida-susurra y
me mira directamente a los ojos.
Quiero preguntarle dónde había estado
toda esta semana, porque no me llamo,
porque era de tanta importancia y quería preguntarle sobre
ella. Pero no quiero arruinar este momento, lo extrañaba, y no quiero que se
vuelva a ir, así que decido tragarme mis palabras.
-Lo siento siento.- simplemente respondo y Ignacio me dedica
una pequeña sonrisa.Puedo notar en sus ojos una mirada de dolor y de culpa-. Me
estoy muriendo de hambre- río al sentir como un silencio incómodo aumentaba mis
ansias por preguntarle todo.
Ambos bajamos hasta la cocina donde Ignacio simplemente nos
hace un sándwich a ambos.
-No vuelvas a hacerlo.- murmura y yo
frunzo el ceño.
-Lo siento, no medí lo que bebía-río
avergonzada y él niega, esta enojado
- Hey, lo siento, ¿Vale? No te enojes
conmigo- susurro y me acerco a él
para darle un abrazo, él acaricia mi
espalda y en cuanto me separo para verlo directamente a la
cara puedo notar que sus ojos se habían cristalizado.
-Tu no estabas ebria, Franchesca . Estabas
drogada- gruñe y yo trago saliva- no sé
qué mierdas hayas usado, pero no quiero que vuelvas a
hacerlo en tu puta vida. Estaba aterrorizado, no eras tú, me sentía, inútil, no
podía hacer nada para ayudarte Estabas deshidratándote, teniendo alucinaciones,
llorabas cada cinco minutos, no parabas de decirme que yo no te amaba, que te
había dejado- murmura y escucho como su voz se quebraba. Siento un nudo
formarse en mi garganta.- Me dijiste que me odiabas- susurra
y baja la mirada.
Siento mi cuerpo tensarse al escuchar sus palabras. No
recuerdo haber hecho todas esas cosas, ni siquiera recordaba que lo había visto
ayer. Paso mis manos por su rostro y beso sus pómulos.
-Lo siento- susurro y él me mira
directamente. Había lágrimas en sus ojos.- Pero no las dejaba
caer. Pero yo no me drogo y lo que me dices me suena tan ajeno, ni siquiera
recuerdo haber bebido tanto- comentó y Ignacio suspira.
Puedo notar que está bastante cabreado y triste, quisiera
responderle todo, defenderme, pero no recuerdo absolutamente nada.
Me acerco a él para besarlo y él no me lo impide, paso mis
brazos por su cuello y mis manos por su cabellera. Las grandes y ásperas manos
de Ignacio se colocan en mi cintura, por debajo de mi blusa.
-Me lastimas- él gruñe y yo frunzo el
ceño, separándome de él.- Yo confiaba
en ti, Franchesca - susurra y yo sacudo mi cabeza- pensé que
confiábamos en ambos. Pero ayer parecía como si confiaras más en Ricardo que en
mi, y eso me saca de quicio-exclama y yo trago saliva.
-¿Qué?- pregunto estupefacta.
Ignacio me mira confuso y examina mi rostro unos segundos.
-¿Hay algo que debería de saber?- me
pregunta y yo bajo la mirada- mierda,
Franchesca , no puedo creerlo-exclama y yo
arrugo mi nariz.
Me duele ver como Ignacio desconfía de
mi después de tanto tiempo siéndole
completamente honesta en cada aspecto de mi vida. No le
escondía nada, él sabía exactamente cada pequeña cosa que pasaba en mi vida y
que había pasado anteriormente.
En cambio él me esconde muchísimas cosas, no se nada sobre
su pasado, y al parecer no se nada de su presente. Es como si fuera un
desconocido y me duele, porque es mi novio y no lo conozco ni un poco.
-¿Hay algo que debería de saber?- le
pregunto a la defensiva y su expresión
de enojo no cambia, hasta que vuelve a
examinar mi rostro y es entonces cuando su semblante cambia
por uno de seriedad.
Él sabe a lo que me refiero.
-Mierda, no puedo...
-¡No!- explotó y él se exalta un poco
- No tienes derecho a reclamar mi
confianza cuando el único que ha estado manteniendo secretos
eres tú-gruño apuntándolo con mi dedo índice en el pecho, él mira mi dedo y
luego mi rostro - Te he sido honesta todos los días, desde el primer día en que
te conocí, sobre todo. Cada pregunta que me haces, sobre lo que sea, la

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Daddy