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Daddy romance Capítulo 61

SEGUNDA TEMPORADA

CAPÍTULO 11

Franchesca pov's

Termino de resaltar las partes más importante del décimo

contrato que había leído en la última hora y acomodó el orden de las hojas.

Suspiro y se lo entrego a Ignacio

-Este es bueno— murmuro, el alza sus cejas hacia mi y

me dedica una sonrisa pícara, ruedo mis ojos y sonrío.

-Luces muy bonita hoy-este

simplemente dice, siento mis mejillas

tomar cierto calor.

Escondo estas detrás de un nuevo contrato y junto mis labios

en una línea firme, tratando de no sonreír. Ugh, soy tan patética.

-Gracias- susurro para centrar mi vista

en las letras que tenían las hojas.

Miro de reojo a Ignacio y noto como ni siquiera volteaba a

ver las hojas que tenía en sus manos, pero me miraba a mi

- ¿Sabes? El tiempo es oro y tu lo estás perdiendo cuando me

miras-aclaro, Ignacio relame sus labios.

—Vale la pena- afirma, ruedo mis ojos

con una sonrisa en mi rostro y chasqueo mi lengua.

—Para, tenemos que concentrarnos

— digo, Ignacio bufa y comienza a leer

los contratos causando que yo imite su

acción.

Los minutos pasaban lento, ambos

estábamos en un cómodo silencio y de

pronto siento mi cuerpo comenzar a

pedirme una siesta.

Son las tres de la tarde, la hora de mi

siesta. Si, quizás suene como una pequeña de tres años en el

maternal, pero tomar una siesta me ha ayudado bastante desde lo sucedido con Ignacio

Me tranquiliza, me relaja, me mejora.

– Ignacio— lo llamo, este alza su mirada

hacia mi y yo hago una mueca.

En cuanto su mirada se encuentra con la mía, siento un

escalofrío recorrer mi espina dorsal. Él aún tiene este efecto en mi, carajo.

-¿Si, preciosa?- murmura, muerdo mi

mejilla interior.

-¿Podemos tomar una siesta?- pregunto

avergonzada, Ignacio sonríe sin mostrar

sus dientes y simplemente asiente.

Suspiro de alivio, dejo el papeleo que

tenía en mis manos sobre la mesa y

camino hasta llegar al sofá de Ignacio

Noto como él seguía sentado donde mismo, frunzo el ceño

- ¿No vienes?- pregunto, Ignacio vuelve a mirarme y niega.

-El sofá es pequeño, duerme tu.

Y en cuanto dice esto hago un puchero para arrepentirme por

completo, comienzo caminar hacia él de nuevo, llamando su atención

—¿Puedo dormir en tus piernas?

— pregunto, una sonrisa incluso más amplia se muestra en el

rostro de Ignacio, para después simplemente asentir con su cabeza.

Me siento en su regazo, escondo mi

rostro en el hueco de su cuello y suspiro

al sentir su mano posarse en mi muslo,

sosteniéndome. Inhalo su aroma

causando que mi cuerpo se relajara

bastante, su anatomía otorgándole calor a la mía y su piel

contra la mía. Se siente como un sueño, uno del cual no quiero despertar jamás.

Cierro mis ojos ante el momento tan

pacífico, disfrutandolo como si de un

premio se tratase. De pronto escucho la

puerta ser abierta, pero ni siquiera me

molesto en abrir mis ojos cuando la voz

de Niall se hace presente.

-Shh, Franchesca está

durmiendo- Ignacio

bisbisea, escucho como el ojiazul se

disculpa en voz baja y aclara su garganta.

-Genial- este dice-, creo entonces

que es el momento perfecto para hablar

contigo— Niall murmura.

-¿Qué pasa?.- Ignacio pregunta.

—Camille pasa.- el ojiazul murmura.

Frunzo el ceño levemente pero en

cuanto recuerdo que se supone que estoy dormida, elimino el

gesto y decido seguir escuchando como la chica entrometida que soy.

-¿Qué pasa con ella?- mi novio

pregunta confundido.

-El contrato que ella te ha ofrecido, el

cual has estado esperando por sabrá Dios que tanto tiempo,

ha llegado.- Niall murmura—. No es tanto un contrato, es más como una carta, y

creo que vas a querer darte un tiro a la cabeza cuando lo leas- este dice,

escucho una objeto no tan pesado caer al escritorio y yo me recuerdo por

milésima vez que no debo moverme.

-¿Qué ha hecho esta vez?- Ignacio

pregunta. Niall bufa.

-Tu sólo léelo.

Entonces unos minutos de silencios

se hacen presentes, donde los únicos

sonidos que podía escuchar eran: el de

la respiración de Ignacio y el sonido de las hojas que

movía. De pronto un bufido se hace presente y siento el agarre de Ignacio más

fuerte en mi piel.

-Gracias.- el ojiverde murmura, un

silencio incómodo se hace presente y de

pronto escucho unos pasos alejarse para después escuchar el

sonido de la puerta ser cerrada.

¿Qué mierdas acaba de pasar?

Decido ignorar lo anteriormente ocurrido y dedicarme a lo

que principalmente quería: tomar una siesta. De un segundo a otro me concentro

más en el olor de Ignacio impregnando mis fosas nasales y

causándome cierto efecto tranquilizante en mi cuerpo.

De pronto siento como comienzo a perder control sobre mi

cuerpo y mis párpados comienzan a pesarme.

-Cariño, despierta— de pronto escucho

la voz de Ignacio llamarme, frunzo el ceño y me quejo.

-Sólo quiero dormir unos minutos, por

favor- gruño, Ignacio ríe y acaricia mi

mejilla

-Ya es hora de irnos a casa-murmura,

abro mis ojos de golpe y miro a mi alrededor.

Yo estaba sobre el sillón de la oficina

de Ignacio con una almohada bajo mi ca-

beza y un manta cubriéndome. Mi novio estaba de cuclillas

frente a mi con una de las sonrisas más tiernas que he visto.

-¿Qué hora es?, pregunto confundida,

Ignacio mira su reloj y relame sus labios.

-Casi las nueve de la noche.- murmura, alzo mis cejas.

-¿Cuánto dormí?- pregunto, Ignacio

sonríe con gracia.

-Cuatro horas.- este dice, abro mis ojos

como platos.

-Mierda.

-Estabas exhausta, ¿no?- me pregunta,

me siento y asiento con mi cabeza.

Hago un mohín con mis labios y estiro mis brazos hasta

abrazarlo.

—Sigo exhausta, el jet lag me está dando duro—hago una mueca

y Ignacio chasquea su lengua.

—Si alguien te va a dar duro, ese soy yo.

Vámonos a casa— Ignacio dice y yo siento mis mejillas

comenzar a arder.

-¡Ignacio!- río avergonzada y este sonríe

como niño travieso.

Me coloco de pie, Ignacio entrelaza nuestras manos y ambos

salimos de su edificio hasta dirigirnos hasta su departamento.

-¿Cuándo dices que llega Ricardo?- Pregunta Ignacio, hago

una mueca.

--Sábado- suspiro—, no puedes decirle

que... No puedes decirle que tenemos algo de nuevo— susurro,

Ignacio frunce el ceño y me mira—. Todavía no, es que es muy pronto y no se

como vaya a tomárselo y....

-Tranquila, amor. Lo entiendo .-este

simplemente murmura y yo suspiro

aliviada. Ignacio siempre lo entiende.

El camino es silencioso, pero era un

silencio cómodo. Escucho como Ignacio

tararea la canción que estaba en la

radio y yo no me evito voltear a verlo.

Comienzo a admirar su hermoso perfil:

su nariz, sus labios carnosos y rojizos,

su mandíbula marcada, sus pestañas, su

cabello, todo en el era perfecto. Muerdo

mi labio inferior y suspiro.

-Juro que en cuanto lleguemos voy a

hacerte el amor tantas veces- Ignacio dice, sonrío y suelto

una pequeña risa.

—Ninfómano de mierda.- le digo, este

me voltea a ver con sus cejas alzadas y yo no me evito

comenzar a reír, Ignacio me acompaña y entrelaza su mano izquierda con mi

derecha.

-Salgamos en una cita- este murmura,

en cuanto el auto se detiene en una luz

roja, lo miro directamente. -Vayamos al

cine, o a cenar, si quieres podemos ir a

un club por unos tragos, volvamos a ser

como antes; sólo que mejores.- Ignacio

susurra, gira su rostro hacia mi y mi mirada cae en sus

labios.

Asiento levemente y noto como Ignacio se acerca a mi

lentamente hasta juntar nuestros labios en un corto beso. La luz se torna verde

y vuelve, a andar

—. ¿Qué dices?- el me pregunta, mirándome de reojo.

Quiero hacer todo esto con Ignacio quiero que mejoremos y

quiero que tengamos una relación sana, pero se que no lo lograremos hasta ambos

confesemos todos nuestros secretos. Siento un escalofrío recorrer mi espina

dorsal de tan solo pensar en la reacción de Ignacio cuando se entere de todo lo

que le he escondido, trago saliva.

—Vamos a un club... Está noche- digo,

Ignacio frunce el ceño.

-Pero, es miércoles

-¿Y? La noche es joven- me encojo en

hombros—. Vamos a tu casa, cambiemos nuestra ropa y vamos al

primer club que veamos. Hay que beber y bailar hasta que nos desmayemos.-

comentó, Ignacio alza

sus cejas y suspira.

—Cariño, en serio preferiría ir a cenar,

Mañana tengo que ir a trabajar y...

-Lo entiendo, Ignacio...-susurro, lo miro y

le dedico una sonrisa ladeada.

Entiendo que esta exhausto, que ha tenido bastante trabajo y

que quiere descansar. Por supuesto que lo entiendo. Pero estaba segura de que

yo no podría ser sincera si no estaba completamente ahogada en alcohol, trago

saliva. Hace tanto que no bebo, no desde lo qué pasó la otra noche.

Cierro mis ojos y suspiro, tengo que

decirle hoy, tomo lo teléfono y comienzo a mandarle mensaje

a todos mis amigos.

Liz, Noah, James, Luke y otros chicos.

Todos con la misma excusa que a Ignacio.

Mis otros contactos eran simplemente

familiares, doctores y personas irrelevantes, entonces

encuentro el contacto:

Francesco Vitale.

Trago saliva y miro este contacto por

varios segundos. Sabía que Fran no me

quería de la manera en que yo lo quiero, sabia que quería

algo más conmigo y se que ya he cometido un error con el, trago saliva y miro a

Ignacio.

Se ve tan lindo con su mirada fija en la calle, su mano

jugando con su labio y con la otra sobre el volante, trago saliva. Ignacio se

merece la verdad. Suspiro.

"¿Estás libre hoy?"- Escribo

Cierro mis ojos fuertemente en cuanto

mando el mensaje, decido bloquear mi

teléfono y abrazarme a mi misma.

De pronto una canción suena en la radio, la cual causa que Ignacio

incremente el volumen y comience a tararear. Siento mi teléfono vibrar en mis

muslos, trago saliva y lo desbloqueo.

"Para ti, siempre. ¿Qué pasa?"-

Tenso mi mandíbula y cierro mis ojos por unos segundos.

"¿Te veo a las 10:30 en el club que me

comentaste?" -

mando e inmediatamente

comienzo a arrepentirme. Sé que no haré nada malo, se que lo

que hago es todo por mejorar mi situación con Ignacio. Infló mis mejillas.

"Por supuesto, preciosa"-

bloqueo mi teléfono y lo guardo en mi bolsillo, comienzo a

jugar con mis dedos y en cuanto noto como habíamos llegado ya a la casa de Ignacio

siento mi corazón acelerarse.

Miro al rizado quien apaga el auto y

desabrocha el cinturón de seguridad.

–Iré con Lizbeth a un clubmiento.- Ignacio alza su mirada

hacia mi

confundido-hemos quedado y pues

hace bastante tiempo que no la veo-

murmuro, el frunce levemente su ceño y me mira.

-Yo... — susurra pero después

simplemente suspira- Por supuesto,

amor- este dice simplemente, trago

saliva y sonrío nerviosa.

-Será rápido.- aseguró, Ignacio alza sus

cejas.

- Tranquila, linda- este ríe, de pronto

busca algo en su bolsillo y me lo entrega: unas llaves—.

Confío en ti, eres libre para llegar a la hora que sea. Esta es tu casa,

nuestra casa- murmura, entre abro mi boca y siento mi corazón acelerarse.

- Ignacio.....

-Te amo, Franchesca . Confío en ti-este se

encoge en hombros, sonrío de lado y

junto nuestros labios en un pequeño beso —, pero anda, que

Lizbeth va a cabrearse si la haces esperar.

*********************************

En cuanto entro al club siento el olor a

alcohol, tabaco y marihuana inundar mis fosas nasales.

Arrugo un poco mi nariz y sigo caminando unos segundos hasta que unas manos se

colocan en mi cintura, me 'exalto y miro a la persona a mi lado.

-Mierda, Fran, me has dado el susto de

mi vida— digo y este ríe.

—Luces preciosa este murmura,

muerdo mi mejilla interior y agradezco

por lo bajo.- ¿quieres algo de beber?

A eso es a lo que vengo.

-Por favor.- Asiento, este sonríe

levemente y entrelaza su mano con la

mía, hago una leve mueca pero decido no decir nada.

En cuanto llegamos a la barra, Francesco pide una botella de

vodka y

otra de tequila.

—He pedido el día libre mañana, por si

decides quedarte a dormir en mi departamento-este admite,

abro mis ojos como platos—. De todos modos pensaba en ponerme bastante ebrio-

este se encoge en hombros.

Ambos caminamos hasta llegar a una mesa donde Francesco

coloca dos vasos de shots y dos vasos para bebidas preparadas. Tomo el pequeño

vaso de shot y no dudo en servirme vodka

y tomarlo en cuanto puedo

—. Hey, hey, tranquila señorita-ríe.

Ruedo mis ojos divertida, sirvo otros dos y le entrego uno.

—Para ser doctor, creo que no tienes

tanta ética- admito y bebo mi segundo

shot, este ríe y se lo toma unos segundos después.

—No en mi vida diaria, tengo derecho a

ahogarme en alcohol cuando yo quiera, y mucho más a estar

con chicas lindas como tú- me guiña el ojo y nos sirve otros dos a ambos,

sonrío incómoda y me tomo el tercero en menos de quince minutos.

Siento un calor recorrer mi cuerpo.

- Francesco, hay tantas cosas que debo

decirte, necesito estar ebria ya- me

quejo, Francesco ríe y toma mis manos.

-La noche es larga, tenemos tiempo.

Quizás podríamos acelerar el proceso en la pista de

baile-murmura levantándose, hago una mueca.

—Yo lo único que quiero es ponerme

ebria lo más pronto posible para acabar

con este puto problema-gruño, me

levanto y de pronto siento como me

mareo un poco.

-¿Qué problema?- el rubio me

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