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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 679

VICTORIA

Lo vi avanzar lleno de confianza.

Parece que había olvidado lo que era un vampiro bien comido, y eso que no estaba en mi mejor forma.

El látigo chasqueó, volando hacia mi cuello con un rugido de sus labios.

Me moví hacia delante tan rápido que ni siquiera me vio.

Su mano estaba arriba por mover el arma; sus ojos se estrecharon al verme aparecer frente a él.

—¡¿Pero qué…?! ¡Aaahh, maldit4 zorra!

Dio un salto atrás cuando mis uñas afiladas se hundieron en su cara, llevándome un buen trozo.

Iba a por sus ojos, pero reaccionó a tiempo para salvarlos.

Antes de que contraatacara, le arrebaté el mango del látigo y lo enredé en su cuello.

Para esas alturas intentaba sacar a su lobo, propinándome mordidas a lo loco.

Pero mis dos manos se cerraban sobre el cuero, apretándolo tan fuerte sobre su garganta que el sonido de ahogo no tardó en llegar.

No podía cambiar a su forma animal porque, si no, se estrangularía por completo.

—¡Esto es para que aprendas a respetar a las mujeres! —le rugí pateándolo sin misericordia en las bolas.

Cayó de rodillas con expresión de dolor extremo.

La presión en su cuello se hizo más mortal.

Subía las manos y me arañaba, intentando meter oxígeno en sus pulmones.

Lo miraba con todo el odio que le tenía.

De verdad estaba lista para asesinarlo, pero obviamente no me dejarían.

Mis sentidos se alertaron enseguida al sentir un ataque desde la derecha.

Impacté mi rodilla en el mentón de este lobo, haciéndole casi tragarse los dientes.

El gemido doloroso fue música para mis oídos.

Pero tuve que soltarlo para enfrentarme a los lobos que me rodeaban.

—Vaya, veo que necesitas ayuda —dije con burla, viéndolo revolcado en el suelo.

—Cuatro lobos contra una hembra. De verdad que valientes… inútiles —escupí con rabia, remangándome el vestido para estar más cómoda.

—¡¿Quién viene de primero, mariquitas?!

Le grité con la adrenalina de la lucha rugiendo en mis venas.

Saltaron como perros rabiosos sobre mí, coordinando sus ataques.

Me movía a toda velocidad, abriendo heridas con mis garras, poniéndoles zancadillas.

Aprovechaba para que uno le cayera encima al otro.

Siseé de dolor al llevarme algunas heridas; era imposible no hacerlo contra tantos de ellos.

Eran guerreros entrenados.

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