VICTORIA
Dejando la ciudad subterránea, las cloacas y los pasadizos tenebrosos, llegamos a una parte alejada del bosque.
Subidos en la colina, vimos la impresionante ciudad negra a lo lejos.
La fortaleza en lo alto de la ladera de la montaña parecía vigilar todo bajo ella.
Nada se escapaba de la vista del Lord.
El primer círculo de murallas protegía a la manada de hombres lobo de la capital.
El círculo exterior albergaba a los “infames” vampiros.
Los tenían más de esclavos que de otra cosa.
Haciendo los trabajos más pesados, las tareas asquerosas y duras, solo por unas migajas de comida.
Así estaba la situación de este territorio.
—Vamos, Rousse.
Amparados en la noche que avanzaba, nos sumergimos entre los árboles.
Corrimos como dos sombras veloces, esquivando las patrullas ocasionales, alertas todo el tiempo.
Sin embargo, a punto de salir del control del feudo, nos encontramos con un problema muy grave.
—Hay un campamento de lobos asentado.
Subidos en un árbol, mirábamos a lo lejos las carpas blancas.
Escondidos en el follaje espeso.
Mis ojos escaneaban a los guerreros.
—Ese vampiro no dijo nada de una guardia fronteriza tan concentrada aquí —agregó ceñudo.
Marius había dicho que este lado siempre estaba más despejado.
¿Entonces, por qué reforzaron la vigilancia?
Pronto supe el porqué.
Mi corazón dio un vuelco al descubrir unos jinetes que llegaban en la distancia.
Frente a ellos, con una túnica en negro y el rostro severo… venía él.
Casi podía detallar las luces doradas de sus ojos claros.
Se bajó del caballo de un salto y soltó las riendas a un mozo.
Parecía enojado y ladraba órdenes a sus subordinados.
Lo vi colarse en la carpa principal.
—Tengo una idea —dije sin pensarlo mucho… como de costumbre.
—. Voy a crear una conmoción y te daré una brecha para escabullirte hacia el exterior.
—No —Rousse respondió sin titubear—. No la dejaré exponerse, son muchos soldados, si la capturan…
—Puede que no tenga al máximo mis poderes, General, pero no olvides que soy una Vlad —lo miré con seriedad.
Nos quedamos en un silencio desafiante, enfrentando nuestras voluntades.
—Si algo le sucede…
—Aun si me capturan, sabes que tengo varios trucos bajo la manga. Necesitamos a una hechicera para regresar, Rousse —argumenté.
No importa cuán reacio estuviera, al final lo convencí.
Con o sin su poder, pasaría por la brecha.
Corrí sin cesar, a mi máxima velocidad.
Claro que me podía escapar, pero ups… “accidentalmente” llegué a un barranco sin salida.
Me giré con las manos en alto, calmada, viendo a ese grupo de perros rabiosos salir de los lindes del bosque.
Algunos convertidos en sus lobos, otros todavía de guerreros.
Por lo que había aprendido, solo un grupo selecto había evolucionado a lycan.
—¡Entrégate, no tienes salida, criatura abominable!
Rugió uno que iba al frente.
Lo identifiqué como el mismo pelinegro que quería azotar a esa pobre mujer que se atravesó frente al caballo de su jefe.
—Aquí el único engendro eres tú —le escupí con saña.
—. Ven a capturarme si tienes de verdad las pelotas, ¿o solo te atreves a golpear a hembras indefensas?
—¡Ja! ¡Parece que aún le quedan agallas a algunos de estos chupasangres! —exclamó caminando hacia delante y desenrollando el látigo en su cintura.
—Te voy a enseñar a bajar la cabeza. Me vas a lamer hoy las botas… y quizás algo más…
Dijo lo último en voz baja, pero claro que pude escucharlo.
Siseé, sacando los caninos, cuadrando los hombros, lista para hacer llorar a esta mariquita.
«Ven, vamos a jugar y luego… llévame delante de tu Lord»
Hoy, sí o sí, vería de cerca a ese hombre cruel que no paraba de meterse en mis fantasías.
—¡Ataca de una puta vez!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...