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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 142

Víctor entró a la sala de interrogatorios y cerró la puerta a sus espaldas. El lugar era un espacio pequeño, frío y gris.

Del otro lado de la mesa estaba Jake, sudando sin control y frotándose las manos con nerviosismo.

Al ver entrar a Víctor, dio un respingo en la silla, casi encogiéndose.

Estaba aterrorizado; creía firmemente que le echarían la culpa del disparo que ahora mantenía a Daniel luchando por su vida en la Unidad de Cuidados Intensivos.

—Señor Grimaldi —empezó Jake, con la voz temblorosa y la mirada suplicante—, yo pensé que después de todo lo que le dije a la policía me iban a dejar ir. Les juré que no tuve nada que ver con ese francotirador. Yo solo fui a buscarlo para hablar. Tengo un negocio que atender, por favor...

Víctor arrastró una silla y se sentó frente a él. Apoyó los antebrazos sobre la mesa y lo miró con mucha seriedad.

—Tu negocio me importa un rábano en este momento —lo cortó Víctor, usando un tono bajo—. Me vas a contar absolutamente todo sobre Melissa. Para eso fuiste a buscarme, ¿no? Habla de una maldita vez.

Jake tragó saliva con tanta dificultad que se le marcó la nuez en el cuello.

Sabía que estaba caminando sobre una cuerda floja muy delgada. Víctor lo tenía acorralado y no había escapatoria posible.

—Mire, señor... hay cosas del pasado de Melissa que usted no sabe. Cosas muy turbias que ella se encargó de borrar muy bien —comenzó Jake, bajando la vista hacia sus manos entrelazadas—. Ella no siempre fue la mujer refinada que usted conoció. Antes de cruzarse en su camino, Melissa trabajaba como prostituta. Estuvo metida en ese mundo por muchos años, vendiéndose a quien pagara bien. Luego vio la oportunidad de acercarse a usted, y se alejó de todo eso para limpiar su imagen.

Víctor no movió ni un solo músculo.

No le sorprendía del todo que Melissa tuviera un pasado lleno de secretos, dado lo manipuladora y falsa que siempre había demostrado ser.

Pero enterarse del nivel de su engaño inicial, de cómo había fabricado toda una identidad para cazarlo, lo disgustó.

—Sigue —ordenó Víctor, sin alterar la voz, manteniendo una calma escalofriante.

—El problema real, la verdadera locura, vino con el embarazo —continuó Jake, tomando una respiración profunda—. Cuando ella quedó embarazada de usted, vio la oportunidad perfecta para amarrarlo de por vida a su lado. Pero las cosas salieron mal. Muy mal. Cuando llegó el momento de dar a luz, ella tuvo complicaciones severas en el quirófano. El bebé... el hijo de ustedes... no resistió. Falleció en el parto.

Nadie dijo una palabra durante varios segundos.

Mattias... el niño al que había mantenido, por el que había peleado la custodia en los tribunales, el que creía sangre de su sangre, era en realidad el hijo de una completa desconocida.

Todo en su vida con Melissa había sido una farsa gigante, un teatro macabro y enfermo montado por una mujer sin el más mínimo escrúpulo.

Sintió náuseas. Una mezcla terrible de dolor por su verdadero hijo muerto.

Se levantó despacio, arrastrando la silla hacia atrás. El fuerte chirrido hizo saltar a Jake en su asiento.

—Si descubro que me estás mintiendo en una sola sílaba de todo esto, te juro por Dios que te arrepentirás de haber nacido —sentenció Víctor, mirándolo desde arriba con un desprecio absoluto.

—¡Es la verdad! ¡Se lo juro por lo más sagrado, señor! —gritó Jake, casi al borde de las lágrimas.

Víctor no le dirigió ni una palabra más. Dio media vuelta y salió de la sala de interrogatorios con pasos largos y firmes.

Al cruzar las puertas de la delegación de policía, el aire fresco de la mañana le golpearon el rostro, pero no sirvieron de nada para aclarar el caos tormentoso en su mente. Estaba totalmente conmocionado, aturdido y profundamente confundido.

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