Al día siguiente, el ambiente en la oficina de Jake era denso, cortado apenas por el humo de su cigarrillo.
Melissa caminaba de un lado a otro con los brazos cruzados, apretando los labios en una mueca de puro desprecio que endurecía sus hermosas facciones.
—Te volviste completamente loco si crees que voy a volver a abrir las piernas en este club —siseó ella, clavándole una mirada fulminante—. Yo ya salí de este hoyo, Jake. Mi época de fichar por dinero se acabó.
—Es solo por una noche, Melissa. Es un cliente sumamente exclusivo, un multimillonario que está dispuesto a pagar una fortuna solo por un rato de tu tiempo —insistió él, dando una calada a su cigarro con demasiada tranquilidad—. Necesito que lo trates como a un rey.
—¡Me importa un carajo su dinero! —estalló ella, golpeando el escritorio con la palma de la mano—. ¿Acaso te olvidas de quién soy? Soy la madre del hijo de Víctor Grimaldi. No necesito rebajarme a atender a tus clientes.
Jake soltó una carcajada seca y sin gracia.
Apagó el cigarro en el cenicero y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre la madera.
Su mirada cambió, volviéndose sombría, burlona y letal.
—Ah, ¿sí? La madre abnegada y de clase alta... —murmuró Jake—. ¿Y qué pasaría si decido levantar el teléfono y decirle a Grimaldi la verdad? ¿Qué pasaría si le cuento que el pequeño Mattias no tiene ni una sola gota de sangre Grimaldi en las venas?
El color abandonó el rostro de Melissa en una fracción de segundo. Sus manos, antes firmes, empezaron a temblar.
—No te atreverías a usar eso en mi contra... —siseó ella, perdiendo de golpe toda su altivez, sabiendo que él tenía el arma perfecta para destruirla.
—Oh, claro que me atrevo, preciosa. Los dos sabemos muy bien que le compraste ese niño a Lorena, esa pobre mujer de la calle perdida en las drogas. Ese secretito que te he guardado tan fielmente. Así que tú decides: o vas esta noche a atender a mi cliente y me haces ganar mucho dinero, o mañana a primera hora levanto el teléfono, Víctor Grimaldi se entera de tu gran mentira y te arranca la cabeza.
Melissa sintió que le faltaba el aire. No encontraba escapatoria.
Estaba acorralada en su propia mentira, atrapada en las redes de un proxeneta que no dudaría en hundirla. Cerró los ojos, tragándose el orgullo de golpe.
—Bien. Lo haré —concedió con rabia contenida—. Pero será la última vez.
***
Al caer la noche, el Club Escape vibraba de música y excesos.
Melissa cruzó el pasillo hacia el área privada VIP, enfundada en un vestido negro y ceñido que no dejaba nada a la imaginación, pero que moldeaba su cuerpo a la perfección.
Empujó la puerta con lentitud, adoptando su mejor pose de mujer fatal.
Sentado en el sofá, bebiendo un trago seco, estaba Alexander Donovan.
Sus miradas chocaron al instante.
Él repasó cada curva de su cuerpo completamente sorprendido, y ella notó de inmediato que este no era el típico viejo aburrido y adinerado; era un hombre sensual y varonil.
—Valió la pena la espera —murmuró Alexander, poniéndose de pie con una sonrisa seductora.
—Me dijeron que era usted un hombre muy exigente —respondió ella, acercándose con paso lento y cadencioso—. Espero estar a la altura.
—Lo soy. Pero al verte, me doy cuenta de que cualquier exigencia se queda corta —dijo Alexander, sirviéndole una copa—. Soy Alexander Donovan.
—Melissa —susurró ella, rozando deliberadamente sus dedos al tomar la copa.
La química fue instantánea y eléctrica.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...