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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 89

El lujoso auto de Alexander Donovan se detuvo frente a la entrada discreta del Club Escape. Había pasado exactamente un mes desde su primer encuentro ardiente con Melissa.

Durante esas cuatro semanas, el canadiense se había repetido mil veces que no debía volver, que mezclar los negocios con los vicios de ese lugar era una distracción estúpida. Sin embargo, su autocontrol se había hecho trizas.

El recuerdo constante del vaivén de las caderas de Melissa frotándose contra él le había ganado la partida por completo.

Alexander bajó la ventanilla y miró al chofer a través del retrovisor.

—Vete. Regresa a recogerme hasta la madrugada —ordenó con voz tajante, acomodándose los puños de su camisa.

—Como ordene, señor Donovan —respondió el empleado, asintiendo sin hacer preguntas.

Alexander salió del auto y caminó hacia la entrada VIP con la arrogancia de siempre. El guardia de seguridad de la puerta, al reconocerlo al instante, enderezó la postura.

—Buenas noches, señor —saludó el guardia, inclinando un poco la cabeza—. ¿Desea que lo acompañe a su mesa reservada?

—No hace falta —lo cortó Donovan, sin siquiera mirarlo—. Conozco el camino.

Ignoró el bullicio, la música y las luces intermitentes de la barra principal.

Se dirigió directamente hacia el fondo del pasillo oscuro, buscando el ascensor privado que estaba reservado solo para los clientes de más alto nivel.

Las pesadas puertas se cerraron, aislándolo del ruido. El ascensor era silencioso, forrado en madera pulida y espejos elegantes.

Mientras subía, Donovan se desabrochó el primer botón de la camisa, sintiendo un deseo salvaje que hacía mucho tiempo no experimentaba.

Las puertas se abrieron en el tercer piso.

Caminó por el pasillo alfombrado hasta la suite principal y empujó la puerta.

Al entrar, no pudo evitar dejar escapar un suspiro, seguido de una risa sensual y cargada de puro morbo.

Melissa estaba esperándolo, sentada al borde de la inmensa cama redonda, y era una visión espectacular.

Llevaba puesto un camisón rojo escarlata de seda que apenas le cubría los muslos, revelando debajo una lencería diminuta del mismo color.

El tono ardiente hacía un contraste perfecto con su cabello rubio, que caía sobre sus hombros.

—Sabía que no aguantarías mucho tiempo lejos, Alexander —ronroneó ella, cruzando las piernas largas con lentitud, perfectamente consciente del efecto que causaba en el millonario.

—Me gusta hacerme rogar un poco, preciosa —respondió él, quitándose el saco para tirarlo sobre un sofá de cuero—. Pero debo admitir que tienes un talento increíble para meterte bajo la piel de un hombre.

Alexander se acercó a paso firme y se detuvo justo frente a ella, obligándola a levantar la mirada. Le acarició la mandíbula con firmeza.

—Hoy no quiero hablar. No quiero saber de mis problemas —murmuró él, inclinándose hasta rozar sus labios—. Quiero solo placer, Melissa.

—Exactamente como me gusta —susurró ella, tirando de la hebilla del cinturón de él con una sonrisa perversa—. Menos charla y más acción. Muéstrame qué tan bien recuerdas lo que hicimos la última vez.

Mientras la temperatura subía sin control en la suite, el ambiente en la planta baja estaba a punto de reventar.

Capítulo 89. Solo Placer 1

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