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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 169

Vania justo acababa de darle un sorbo a su vaso de agua.

Por poco y lo escupe todo.

Sintió que el Profesor Zavala solo había venido a arruinarle la vida.

Hasta el momento no entendía de dónde había sacado tanta confianza con ella.

Yago se quedó paralizado.

—Señorita Zapata... ¿está casada? —preguntó, atónito.

Al verla, no le calculaba más de veinte años; jamás se imaginó que fuera una mujer casada.

Cuando escuchó a Hugo decir que mandarían a buscar a «la niña», asumió que se referían a la hija de Cristina.

Ahora entendía que era un favor para Vania.

Vania asintió.

—Sí, mi hija ya tiene cuatro años.

No era que quisiera contarle su vida a Yago, solo estaba siendo sincera.

Al ver que nadie le prestaba atención, el profesor insistió, regresando al tema que le importaba.

—Entonces, Vania, ¿quién es el afortunado?

Vania miró a Hugo por instinto.

Yago no se dio cuenta de esa pequeña mirada furtiva; seguía hundido en la decepción de saber que la mujer que le gustaba estaba casada.

Pero el astuto profesor sí lo notó.

Hugo seguía sirviendo las bebidas con total calma. La primera fue para el profesor, la segunda para Vania.

Y la tercera, para él mismo.

A Yago...

Ni lo peló.

Hugo era hombre, y reconocía la mirada de otro hombre cuando veía a una mujer con intenciones románticas.

Vania pensó en cómo responder a la pregunta del profesor.

—Llevo años viuda —respondió con frialdad.

La mano de Hugo se detuvo en el aire.

Vania levantó el vaso que él le acababa de servir, le dio un sorbo y lo volvió a dejar en la mesa.

Sin siquiera mirarlo.

Yago la escuchó perfectamente.

No podía creer lo que oían sus oídos.

Hace un minuto sintió que el mundo se le venía abajo al enterarse de que estaba casada.

Y ahora, la esperanza renacía de golpe.

—Oh, lo siento mucho... —dijo Yago, aunque su tono delataba cierto alivio.

No se percató de cómo la mirada de Hugo se oscureció al instante.

Yago rápidamente intentó enmendarlo.

—Señorita Zapata, no quise sonar irrespetuoso.

El profesor le lanzó una mirada llena de significado a Hugo, y luego miró a Vania.

Por muy poderoso que fuera Hugo, el profesor no iba a desperdiciar la oportunidad de pelear por ella.

Si lograba convencerla, la alumna más talentosa de todas sería suya.

Jaja...

Solo de pensarlo, le entraba la emoción.

—Profesor Zavala —lo llamó Yago.

Yago no entendía por qué Vania decía ser viuda, y el profesor parecía más feliz que él.

Siendo un hombre mayor, ¿acaso también quería intentar conquistarla?

Hugo tomó un trago de su bebida.

Esta mujer sí que se había vuelto insolente; atreverse a darlo por muerto en su propia cara.

—Me temo que el concepto de viudez de la secretaria Zapata no es exactamente lo que usted piensa, señor Leal.

Yago frunció el ceño. Justo en ese momento, los meseros comenzaron a servir los platos, interrumpiendo la conversación.

Yago no logró captar el mensaje.

Pero el profesor lanzó un comentario sutil.

—Por supuesto que no. Si de verdad estuviera muerto, el señor Yáñez no estaría cenando con nosotros... a menos que creamos en fantasmas.

Vania volvió a ahogarse con el agua.

Con la comida ya en la mesa, decidió bajar la cabeza y concentrarse en comer.

Yago, por su parte, seguía sin entender nada.

La cena transcurrió con cada uno sumergido en sus propios pensamientos.

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