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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 168

¿Desde cuándo el Profesor Zavala conocía a Vania?

¿Por qué él no estaba enterado?

Yago iba a declinar la invitación. Quería aprovechar la rara oportunidad de haber invitado a Vania para cenar a solas con ella.

Pero la interrupción de Hugo arruinó sus planes.

—Por cierto —añadió el profesor—, no hace falta que invites a esa vicepresidenta tuya. No vaya a ser que se me corte la digestión.

Hugo esbozó una leve sonrisa, pero sin apartar la mirada de Vania, y respondió simplemente:

—De acuerdo. Profesor Zavala, Secretaria Zapata, suban a mi auto.

Luego, miró a Yago.

Yago entendió la indirecta.

—Yo los sigo en mi auto.

Lo que no entendió fue la actitud de Hugo.

¿Por qué lo miraba como si fuera un ladrón a punto de robarle algo?

El profesor, ignorando la tensión, sonrió con malicia.

Le guiñó el ojo a Vania y le susurró en tono persuasivo:

—Vania, muchacha, ¿cerramos nuestro trato después de la cena?

Vania suspiró, exasperada.

Miró a lo lejos, hacia donde debería estar su propio Maserati.

Pero se lo había prestado a Natalia.

Y ahora andaba en otro auto con placas a su nombre.

Si Hugo llegaba a enterarse, quién sabe qué estupidez haría.

Decidió que era mejor evitar problemas y subió dócilmente al auto de Hugo junto con el profesor.

Justo cuando Cristina salía del evento, vio que Hugo se marchaba llevándose al profesor y a Vania.

Con su largo y pesado vestido, apenas podía caminar bien.

Pensó que Hugo realmente tenía una emergencia laboral.

Y resulta que se iba con Vania.

Tragándose el coraje, respiró hondo repetidas veces.

Al final, no le quedó más remedio que sacar su celular y ordenarle a su chófer que fuera a recogerla a la exposición.

«Vania...»

—La comida de este lugar es excelente —comentó Hugo—. En especial su licor de flores, tiene un sabor muy particular. Tienen que probarlo.

Un mesero se acercó a colocar los cubiertos.

Hugo, para sorpresa de todos, tomó la servilleta de tela de Vania, se la acomodó y le sirvió agua antes que a nadie.

Lo hizo con tanta naturalidad que parecía ser una rutina de años.

El profesor observaba la escena perplejo.

Y Yago aún más.

Los rumores decían que Hugo estaba enamorado de su cuñada, supuestamente porque antes habían sido novios.

Pero nadie había mencionado nunca que le interesara una de sus secretarias.

Yago no pudo evitar mirar a Vania.

Era deslumbrante, con una belleza que no parecía de este mundo, más bien parecía un ángel.

Cualquier hombre caería rendido a sus pies, y él no era la excepción; mucho menos sabiendo del enorme talento que poseía.

¿Acaso Hugo también estaba interesado en Vania?

El Profesor Zavala, viéndolos a los dos, soltó de pronto la pregunta del millón.

—Vania, en todos estos años nunca me has dicho quién es tu marido. Hoy estamos entre amigos, ¿ya puedes contarnos el secreto?

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