¿Desde cuándo el Profesor Zavala conocía a Vania?
¿Por qué él no estaba enterado?
Yago iba a declinar la invitación. Quería aprovechar la rara oportunidad de haber invitado a Vania para cenar a solas con ella.
Pero la interrupción de Hugo arruinó sus planes.
—Por cierto —añadió el profesor—, no hace falta que invites a esa vicepresidenta tuya. No vaya a ser que se me corte la digestión.
Hugo esbozó una leve sonrisa, pero sin apartar la mirada de Vania, y respondió simplemente:
—De acuerdo. Profesor Zavala, Secretaria Zapata, suban a mi auto.
Luego, miró a Yago.
Yago entendió la indirecta.
—Yo los sigo en mi auto.
Lo que no entendió fue la actitud de Hugo.
¿Por qué lo miraba como si fuera un ladrón a punto de robarle algo?
El profesor, ignorando la tensión, sonrió con malicia.
Le guiñó el ojo a Vania y le susurró en tono persuasivo:
—Vania, muchacha, ¿cerramos nuestro trato después de la cena?
Vania suspiró, exasperada.
Miró a lo lejos, hacia donde debería estar su propio Maserati.
Pero se lo había prestado a Natalia.
Y ahora andaba en otro auto con placas a su nombre.
Si Hugo llegaba a enterarse, quién sabe qué estupidez haría.
Decidió que era mejor evitar problemas y subió dócilmente al auto de Hugo junto con el profesor.
Justo cuando Cristina salía del evento, vio que Hugo se marchaba llevándose al profesor y a Vania.
Con su largo y pesado vestido, apenas podía caminar bien.
Pensó que Hugo realmente tenía una emergencia laboral.
Y resulta que se iba con Vania.
Tragándose el coraje, respiró hondo repetidas veces.
Al final, no le quedó más remedio que sacar su celular y ordenarle a su chófer que fuera a recogerla a la exposición.
«Vania...»

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