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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 180

Durante todo el trayecto, Vania fue incapaz de inventar una excusa medianamente creíble.

Estaba aterrada de que, si decía la verdad, Hugo la ahorcara ahí mismo.

Hugo, perdiendo la paciencia, acercó el rostro a centímetros del de ella.

Al tenerlo tan cerca, Vania pudo observar con claridad los vellos finos temblando sobre su piel llena de moretones.

Moretones...

—³Tu cara? —Vania soltó un pequeño jadeo.

¿Se había peleado a golpes? ¿Quién sería tan hábil para dejarlo en ese estado?

Le alegraba el alma.

Hugo dejó escapar un bufido.

—³Te da gusto?

—Claro que no —se apresuró a negar Vania.

De pronto, a Hugo pareció ocurrírsele algo, y clavó una mirada peligrosa en Vania. Lo que dijo a continuación casi hizo que Vania deseara que se la tragara la tierra:

—No me digas que en estos dibujos pusiste la cara de Rodrigo y la de tu amiguita.

...

Vania siguió a Hugo de regreso a casa.

Él no tenía la menor intención de dejar el asunto por la paz. Apenas entraron, la jaló del brazo y la metió a rastras a la recámara principal.

Al escuchar el alboroto, Marta y los demás empleados se encerraron de inmediato en sus habitaciones y le echaron seguro a las puertas. Esta noche, escucharan lo que escucharan, no asomarían ni las narices.

Parecía que óltimamente el señor y la señora se llevaban mejor que en los óltimos cinco años juntos.

Hugo acorraló a Vania, inmovilizándola contra la pared.

—Y bien, ¿te comieron la lengua los ratones?

Vania estaba a punto de llorar de desesperación.

¿Qué iba a decir?

Si le decía que había acertado, el hombre le iba a arrancar la piel a tiras.

Mientras ella entraba en pánico, el teléfono de Hugo empezó a sonar, inundando la habitación con el tono de llamada.

Él la soltó por un instante.

En la pantalla destellaba el nombre de Cristina Figueroa.

Su expresión se ensombreció, y Vania aprovechó el descuido para escapar como alma que lleva el diablo.

Gracias al cielo. Por primera vez en su vida, le estaba agradecida a Cristina.

Al refugiarse en su propia habitación, Vania supuso que Hugo saldría de la casa.

Pero después de un buen rato, el silencio reinaba en la habitación de al lado. Al parecer, no tenía intención de salir.

Incluso apoyó el celular a un lado, pensando que podría ir haciendo su rutina de yoga mientras platicaba.

—¡Ya lo vi todo! Tú y Hugo Yáñez. Ustedes dos... —A Natalia le temblaba la voz.

A Vania no le pareció la gran cosa.

¿Hugo y ella eran tendencia?

¿Qué clase de revista de chismes ciegos los había emparejado sin ton ni son? Era un completo absurdo.

—Tienes que ver esto —continuó Natalia a toda prisa—. El cómic que me dibujaste fue un éxito rotundo; en cuanto salió a la venta, ¡vendió millones de copias! Me enteré de que hoy habrá una exposición en vivo en el salón de eventos del hotel que está justo al lado de Corporativo Alba. ¡Tu cómic es la atracción principal!

Vania por poco se traga la espuma de la pasta de dientes.

Se quedó mirando su propio reflejo en el espejo, con cara de haber visto a un fantasma.

³Acaso Natalia estaba hablando en serio?

—¿Mi cómic?

En toda su vida solo había dibujado un cómic.

Y lo había hecho exclusivamente para complacer a Natalia.

Natalia soltó un entusiasta y sonoro ¡Ajá!.

—¡Vani, no me imaginaba que tuvieras esa mente para los negocios! ¡El cómic la está rompiendo! Jajaja, lo ónico malo es que lo censuraron todo y los verdaderos fans del cómic adulto se van a perder de las escenas más picantes...

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