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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 179

—¿Qué es? Déjenme ver —dijo Felipe, acercándose para curiosear.

Incluso Mateo, que siempre mantenía la compostura, mostró interés. Dejó su copa en la mesa y se inclinó para mirar.

Hugo extendió el brazo y arrebató los papeles al instante.

Al echarles un vistazo, casi escupe sangre.

Era su cuerpo expuesto en todo su esplendor sobre el papel.

Las cabezas de las personas en el dibujo habían sido arrancadas.

Una de las ilustraciones detallaba la firme y musculosa espalda del hombre. Y de la mujer solo se veían un par de piernas kilométricas; lo demás quedaba a la imaginación.

Hugo reconoció de inmediato el estilo de dibujo.

Era idéntico al del cómic de Vania.

Exactamente igual.

³Cómo diablos terminaron esos dibujos en manos de Rodrigo Quintana?

¿Y por qué no tenían caras?

—Enséñamelo un ratito —insistió Felipe, pero Hugo lo empujó sin miramientos.

—Adrián, ¿qué demonios viste?

Adrián tragó saliva, intimidado por la mirada asesina de Hugo.

—Na... nada, solo unos papeles sueltos, te lo juro que no vi nada.

Era la primera vez que apreciaba a Hugo en toda su gloria. La verdad, estaba impresionado; como hombre, había que reconocerlo. Con razón su esposa estaba tan obsesionada con él.

—Oye, Hugo... tantos años de conocernos. ¿Qué te dan de comer en tu casa para que estés tan... imponente?

—¿Imponente de qué? —preguntó Felipe, confundido.

Mateo no quería quedar como un pervertido, pero por desgracia, él también había entendido. Casi escupe su bebida.

El rostro de Hugo se tornó oscuro y amenazante. Guardó los papeles en su bolsillo y se puso de pie.

—Tengo cosas que hacer. Me largo.

Hugo salió del reservado envuelto en un fuerte olor a alcohol.

La mejilla le palpitaba de dolor y tenía el labio partido.

En cuanto se fue, Adrián abrió la boca de par en par.

—No manches, Hugo es una bestia. Oye, Mateo, tú eres doctor, seguro lo has notado.

Mateo lo miró como si fuera un completo idiota y soltó con calma:

—Soy médico internista. No me dedico a revisar próstatas.

Los tres hombres se quedaron en el reservado discutiendo sobre anatomía.

Hugo regresó a Villa Ébano apestando a alcohol.

Marta se llevó un buen susto al verlo.

—Señor, ¿qué le pasó? ³Está herido?

¿Quién se atrevería a ponerle una mano encima a su jefe?

Hugo hizo un gesto de fastidio con la mano.

—No es nada. ¿Y la señora?

Esa mujer era la culpable de todo. Si quería dibujar cosas así para entretenerse, bien, pero ¡¿tenía que andarlas enseñando por ahí?!

Si él no hubiera sabido defenderse de los golpes furiosos de Rodrigo, ya estaría en terapia intensiva.

—La señora aúñ no llega. Miguel trajo a la niña, ya hizo su tarea y está dormida.

—³Aúñ no llega?

Hugo miró su reloj. Casi las diez de la noche.

¿Qué clase de trabajo de oficina tenía una mujer que no la dejaba volver a casa a las diez de la noche?

Un resentimiento amargo brotó en su pecho.

Sacó el celular y la llamó.

Sonó tres veces antes de que contestaran.

—Hola... —La voz de Vania sonó clara al otro lado de la línea.

—³Todavía no regresas? —Hugo sonaba como un marido despechado.

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