Cristina puso su mano suavemente sobre el brazo de Hugo y, fingiendo bondad, dijo con voz melosa.
—Hugo, no creo que mi hermana lo haya hecho a propósito. La abuela solo quería tener un detalle con ella. Mejor déjale mi auto, yo se lo doy.
Vania la miró como si fuera el chiste más patético del mundo.
Cristina no debería estar en una oficina, debería dedicarse a las telenovelas.
Cuando la abuela le regaló la camioneta, casi se muere de la envidia, y ahora resulta que jugaba a ser la santa.
—Es solo un auto, no hay por qué andarlo regalando de un lado a otro. Lo que es tuyo es tuyo.
Hugo la cortó en seco.
—Miguel, devuelve la camioneta al garaje.
Se refería a la majestuosa Rolls-Royce.
Vania por fin soltó una carcajada de incredulidad.
Perfecto. Por asegurar la presencia de este hombre en una maldita reunión de padres, se había ganado una humillación tras otra.
Solo era un auto. Tampoco es que ella no pudiera comprárselo.
Miguel intercambió miradas entre ellos y luego vio a la abuela.
Apoyada en su bastón, la anciana tenía el corazón roto.
Ya estaba vieja y sus palabras no valían nada para Hugo.
Por complacer a esa resbalosa de Cristina, su nieto había tirado por la borda todo el respeto y la dignidad de la familia.
Un favoritismo tan descarado era asqueroso.
—Haz lo que se te dé la gana. Estoy vieja y ya no puedo controlarte —dijo la abuela, con la voz temblorosa—. Vania, perdóname por ser una vieja inútil.
Se dio la vuelta y, sostenida por la nana, comenzó a caminar hacia la casa.
Antes de irse, le ordenó a su gente.
—Vayan y transfieran doscientos millones a la cuenta de Vania. Es mi forma de compensarle este mal rato. Díganle que no se ponga triste. Si las cosas siguen así, yo misma me encargaré de buscarle un buen hombre de la alta sociedad para que se vuelva a casar.
Con una mano en el pecho y caminando con dificultad, la abuela desapareció de su vista.
La nana asintió rápidamente y mandó al mayordomo al estudio de la abuela.
Luna vio cómo Hugo se iba con Cristina y Xavier.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas sin que pudiera evitarlo.
—Mamá, ¿por qué papá siempre te trata tan mal?
Antes también era así.

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