Para su buena suerte, tenían la camioneta en inventario.
Quería ver qué otra excusa inventaría Hugo para arrebatarle sus cosas y dárselas a Cristina.
¿Acaso era un ciempiés que necesitaba tantos autos? ¿O planeaba usarlos para su propio funeral?
Vania regresó a Villa Ébano manejando su nueva adquisición.
Sacó a Luna de la camioneta en las narices de Hugo.
Él las vio, pero increíblemente, no dijo ni una palabra.
Al parecer, a él le tenía sin cuidado lo que ella hiciera.
Su único punto débil era Cristina.
Ella lo sabía perfectamente.
Mientras no se metiera con Cristina, el título de esposa en Villa Ébano no valía ni de adorno.
Pero, la verdad, a Vania ya le importaba un rábano.
Faltaban solo tres días para la junta de padres.
Había soportado tanta humillación para que él pudiera lucirse frente a su amante; mínimo ya se había cobrado por adelantado.
Al día siguiente, Vania condujo su camioneta nueva hasta las oficinas de Grupo Nexo.
Apenas dio un paso hacia la entrada, alguien le arrojó un huevo crudo.
Su blusa, que costaba cerca de cien mil pesos, quedó arruinada con una mancha maloliente. El olor a podrido se esparció por la tela, provocándole arcadas.
—¡Es ella! ¡Sinvergüenza! Se atreve a fingir ser Vina para aprovecharse de la fama de Nuno.
—¡La verdadera inspiración del señor Yáñez es Cristina Figueroa! ¿A qué viene esta a robar cámara? Es de lo peor. Dicen que desde hace años acosaba al señor Yáñez y hasta lo drogó para evitar que se casara con Cristina.
—Ya pasaron cinco años de eso, ¿cómo tiene la poca vergüenza de seguir pegada a él y hacerse pasar por la protagonista del manga?
Los fanáticos, enloquecidos, estaban convencidos de que Vania lo había planeado todo.
Con la guardia completamente baja, Vania jamás imaginó que sería atacada por los seguidores de su propia obra.
Ni siquiera le daban la oportunidad de defenderse.
Habían sido esas mismas fans quienes la habían acorralado la última vez en la calle asegurando que ella era la protagonista.
Llena de suciedad y desconcierto, Vania intentó retroceder.
Frente a Grupo Nexo, una camioneta ejecutiva negra se detuvo y la ventanilla bajó a la mitad.
Los ojos de Hugo ardían de furia.
—Miguel, ¿qué demonios está pasando con esa gente?
Él había mandado a borrar todos los foros de esas fans desquiciadas, ¿cómo era posible que hubieran encontrado a Vania?
Miguel estaba igual de confundido.

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