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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 204

El comentario de Lunita provocó un murmullo colectivo que sacudió a todos los presentes. Incluso algunos niños empezaron a aplaudirle con inocencia.

Muchos de los compañeros sabían que Luna sí tenía un papá, pero como nunca lo habían visto, asumían que estaba ausente. Resultaba que su papá estaba allí, pero jugando a ser el padre de otro niño.

Un pequeño que estaba sentado junto a sus padres, muy cerca de donde se encontraban Hugo y Cristina, alzó la vista y preguntó con voz clara:

—Mami, ¿el papá de Luna tiene una amante?

Cristina lo escuchó. Su rostro perdió todo el color al instante. A su alrededor, otros padres se miraban con incomodidad.

Hugo mantuvo su expresión impasible, con una mirada fría que no delataba ni enojo ni vergüenza.

Xavier, sin entender la gravedad de la situación, se rió de Luna y luego miró a Hugo.

—¡Papá Hugo, te está insultando!

Las palabras de Xavier hicieron que todos los padres y alumnos giraran la cabeza para mirarlo a él y a su familia.

Cristina se puso aún más pálida, si es que eso era posible.

—Yo no soy... —intentó excusarse, pero no sabía a quién dirigirse.

Bajo el peso de docenas de miradas acusadoras, Cristina sintió cómo la seguridad la abandonaba por primera vez. Sabía perfectamente que, si en ese momento alguien revelaba que Vania era la verdadera esposa de Hugo Yáñez, la opinión pública se lanzaría a devorarla.

Peor aún, si la gente empezaba a escarbar, podrían descubrir sus recientes maniobras en internet y los bots que había contratado para atacar a Vania. Hace cinco años, ella misma había orquestado el rumor de que Vania había drogado a Hugo, logrando que Vania terminara casada con él más rápido de lo esperado, mientras que ella había quedado relegada. Conocía de primera mano el poder destructivo de los rumores para arruinarle la vida a alguien.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero. No quería ni imaginarse las consecuencias.

Hugo se puso de pie, atrayendo la atención de todo el lugar.

Cristina estaba al borde del pánico, con la mente completamente en blanco.

—Nos vamos —ordenó él.

Tomó a Xavier y comenzó a caminar hacia la salida antes de que la ceremonia de premiación terminara. Siendo un hombre alto, atractivo y una figura pública muy conocida, todas las miradas se clavaron en él, en Cristina y en el niño.

Justo antes de desmayarse por la presión, Cristina sintió un inmenso alivio de poder escapar.

La multitud empezó a atar cabos, aunque nadie se atrevía a afirmar nada.

Cristina, por su parte, caminaba con la cabeza baja, sin atreverse a cruzar mirada con nadie, pero odiando a Vania desde lo más profundo de sus entrañas. Un evento escolar que iba a ser perfecto y haría tan feliz a su Xavier, se había arruinado. Habían ganado competencias, estaban a punto de recibir el trofeo al mejor equipo familiar... y cualquiera que los viera juraría que eran una familia real. Pero Vania se los había arrebatado.

Vania no quería ni dirigirle la palabra a Hugo, pero el enojo la superó.

—Igualmente. Al menos yo no le enseño a mi hija a romper sus promesas.

Sus palabras eran un dardo directo al engaño de Hugo. Si él no planeaba acompañarlas, no debió darles falsas ilusiones. Ella y su hija preferían hacer de cuenta que estaba muerto antes que mendigar su presencia.

Hugo soltó una carcajada seca y gélida.

—Yo jamás te prometí nada, deja de inventar cosas en tu cabeza. O mejor... —hizo una pausa intencionada— puedes considerar a Yago Leal.

Tras decir aquello, Hugo retomó su camino sin mirar atrás.

Vania se quedó perpleja.

¿A qué venía mencionar a Yago? ¿Qué tenía que ver él en todo eso?

En el escenario, la maestra, bastante incómoda, no tuvo más remedio que sonreír y acompañar a Luna para que bajara con cuidado.

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