No había persona más cínica en este mundo que él.
—Xavier y Luna están en la misma escuela. No me esperaba que de su lado también me pidieran que los acompañara —justificó él con frialdad.
Vania lo miró, atónita.
Eso solo significaba una cosa: Xavier, su sobrino, siempre estaría por encima de Luna.
—¿Ah, sí? ¿Xavier y su madre son tan importantes para ti? Entonces, ¿para qué diablos te casaste conmigo al principio? Luna es un ser humano, no una mascota a la que puedes ignorar cuando se te antoje. La trajiste a este mundo y no te haces cargo, ¿crees que te mereces el título de padre?
En un arrebato de furia, Hugo la tomó por el cuello y la estrelló bruscamente contra la pared.
El movimiento fue tan repentino que Vania no tuvo tiempo ni de reaccionar. El golpe le hizo ver chispas, provocándole un mareo que casi la hace perder el conocimiento. Sus rodillas temblaron.
Hugo la fulminó con los ojos inyectados en sangre. Era la primera vez que lo veía en ese estado, como si ella hubiera cometido el peor de los crímenes. Estaba segura de que, si no fuera ilegal, él la despedazaría ahí mismo solo para desahogar su rabia.
—¿Tienes el descaro de reclamarme eso? ¿Se te olvida cómo fue que lograste casarte conmigo? Si no hubiera sido por tus sucias artimañas, César no se habría ido del país y no habría muerto en ese accidente aéreo. Tú te llenas la boca llamándome esposo, pero sabes muy bien con quién me iba a casar al principio.
La apretó un poco más contra la pared. Las venas de sus brazos resaltaban, dándole un aspecto aterrador.
—¿Crees que te pertenecía? Usaste las peores tácticas para amarrarme a ti. Fuiste tú quien aceptó mantener este matrimonio en secreto, ¿y de verdad necesito recordarte por qué tuviste a Luna? Todo lo que hiciste y dijiste en esos años, ahora resulta que tu dichosa amnesia lo borró convenientemente.
La presión en su garganta le estaba sacando todo el aire de los pulmones.
—Hu... go... —intentó articular.
Sentía que el oxígeno se agotaba. Por un segundo, pensó que realmente iba a morir en sus manos. No lograba comprender de dónde venía tanta furia incontrolable. ¿Era por la culpa que sentía por la muerte de César, o porque nunca logró estar con Cristina?

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