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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 208

Lunita se quedó en blanco. Jamás lo había pensado.

Pero, si tuviera que elegir, la verdad es que el tío Miguel le caía muy bien.

—El tío Miguel... —murmuró con inocencia.

Hugo se le quedó mirando fijamente. Sus pupilas se contrajeron de golpe. Venía cargado de rabia, pero de repente, una risa oscura y profunda brotó de su pecho.

Vania lo observó convencida de que el hombre estaba perdiendo la razón.

Cuando al fin recuperó un poco de fuerza, le arrebató a Lunita de los brazos y la abrazó con fuerza contra su pecho, mirándolo con total desconfianza.

Hugo les sostuvo la mirada por un largo momento hasta que la tensión pareció disiparse de su rostro.

Al menos, le quedaba claro que Vania no andaba por ahí buscando desesperadamente un padre sustituto. ¿Miguel? ¿En serio?

Si a la niña se le hubiera ocurrido mencionar a Yago o a Julián, él habría destruido el Grupo Nexo y mandado a Julián de vuelta al agujero de donde salió. Pero, ¿Miguel?

La expresión de Hugo se relajó un poco. Había tenido un día larguísimo en la oficina y el arranque de furia con Vania casi le vacía la poca energía que le quedaba.

Vania, sosteniendo a Lunita, dio media vuelta para dirigirse a su habitación. Tras dar un par de pasos, se detuvo y miró sobre su hombro.

Aunque Hugo estuviera desquiciado, sentía que debía dejar las cosas claras.

—Si tú y Cristina no nos soportan, debes saber que no solo no seguiremos yendo a ese colegio, sino que también podemos irnos de Villa Ébano para siempre.

Sin esperar respuesta, entró a la habitación y cerró la puerta.

Hugo apretó la mandíbula.

¿Qué intentaba decirle con eso?

Decidió no darle mayor importancia. La niña era de ella, podía hacer lo que quisiera.

Pero, ¿irse de Villa Ébano? Hugo soltó una carcajada irónica.

Seguramente estaba alucinando. Incluso si él le abriera la puerta de par en par... ¿sería capaz de irse?

Ya conocía el patrón. Se iría sin llevarse nada y a los dos días estaría de vuelta buscando alguna excusa, que su ropa, que sus bolsos o cualquiera de sus baratijas. Hasta los juguetes de la niña los usaría de pretexto para regresar poco a poco, hasta que, finalmente, terminaría instalándose de nuevo con la cabeza agachada.

Se vendó la mano de forma rápida.

Esa enorme habitación solía ser su refugio, pero esta noche se sentía más fría y vacía que nunca.

La pantalla de su celular se iluminó sobre la mesa de noche. Caminó hacia él y lo tomó.

Al abrir la notificación, apareció una foto de Cristina posando con una provocativa lencería de encaje.

«Hugo, ¿ya te dormiste? No puedo dejar de pensar, ¿platicamos?»

Hugo frunció el ceño. Era la primera vez que Cristina le enviaba algo tan atrevido. Ni siquiera cuando fueron novios se había comportado así.

No sabía si lo estaba haciendo a propósito o no, pero verla en esa actitud tan exhibicionista solo le provocó una inmensa repulsión.

Muchos decían que Cristina y Vania tenían un aire similar. Sabía que compartían ciertos rasgos, pero a sus ojos, no se parecían en absolutamente nada.

Después de ver el mensaje, cualquier rastro de deseo se desvaneció por completo.

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