Cada persona recibió el número de su habitación. Cristina y Hugo fueron ubicados en la suite presidencial, mientras que el resto tenía habitaciones individuales.
Al final, solo quedaba una suite disponible para Yago, pero en la lista de registro aparecía que él y Vania compartirían la misma habitación.
Vania se sintió profundamente avergonzada.
Yago también se acercó a preguntar, desconcertado.
El gerente del hotel tuvo que disculparse y explicar que hubo un error; habían asumido que Yago y Vania eran pareja.
Pero más allá del error, la realidad era que el hotel estaba a su máxima capacidad.
El gerente, sumamente apenado, intentó calmar las aguas explicando que se trataba de una suite grande, con una cama en la sala y otra en la recámara interior.
La cantidad de asistentes a la cumbre era abrumadora, y todos habían hecho sus reservaciones con casi medio mes de anticipación. Conseguir un cambio de habitación en ese momento era misión imposible, no había ni un solo cuarto extra.
—Directora Zapata, quédese usted con la suite. Yo veré si puedo acomodarme con alguno de los muchachos —ofreció Yago.
Aunque Yago lo decía en serio, sus subordinados se hacían los desentendidos; nadie estaba dispuesto a aceptar la propuesta.
Todos murmuraban para sus adentros, creyendo que el señor Leal lo había planeado todo a propósito.
Para todos era un secreto a voces que el jefe estaba interesado en la directora Zapata. En un evento como este, compartir habitación podría ser el empujón perfecto para que floreciera el romance.
Nadie iba a ser tan ingenuo como para arruinarles el plan. Si saboteaban las tácticas de conquista de su jefe, ¿no estarían arriesgando sus propios empleos bien pagados?
Todos actuaron como si la situación no tuviera arreglo.
Un empleado bromeó con una risotada:
—Señor Leal, nosotros somos puros hombres rudos, no da compartir cuarto.
Otro añadió:
—Yo ronco como motor viejo por las noches, seguro no lo dejaría dormir. Mejor no me arriesgo.
Al final de la ronda, ni uno solo se ofreció.
Yago se sintió atrapado. Los empleados del Corporativo Alba también los miraban con curiosidad, sin entender por qué estaban tan alborotados.
En ese momento, Cristina y Hugo se acercaron a la recepción para hacer su registro.
Cuando la recepcionista les entregó una sola tarjeta de habitación, Hugo la tomó sin hacer ningún gesto de desagrado.
Cristina también se veía relajada; la dinámica entre los dos fluía con la naturalidad de un matrimonio que lleva años compartiendo la vida.
—Directora Zapata, si le parece... —empezó Yago, visiblemente incómodo. Realmente no había sido su intención, y temía que Vania pensara mal de él.
Vania esbozó una sonrisa tranquila.
—No se preocupe. Si el gerente dice que es una suite con dos espacios, no tengo problema en que compartamos.

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