Los empleados del Corporativo Alba y del Grupo Nexo no pudieron evitar girar la cabeza para mirar a Hugo.
¿Qué no era el señor Yáñez el novio de Cristina? Entonces, ¿por qué su comentario sonaba como si le aterrara la idea de que algo pasara entre Vania y Yago?
Los rumores decían que Vania había sido una acosadora empedernida que llegó al extremo de drogar a Hugo para arruinar su inminente boda con Cristina.
Pero la vibra que se sentía hoy... no encajaba con esa historia.
Los celos del señor Yáñez se podían oler a kilómetros de distancia.
Cristina se acercó de inmediato, enlazó su brazo con el de Hugo y sonrió con dulzura.
—El señor Leal es un hombre soltero. Que pase la noche encerrado con la directora Zapata, un hombre y una mujer a solas, podría manchar su reputación.
El estatus de la familia Leal en la élite de Nueva Alborada era indiscutible. ¿Con qué derecho Vania pretendía colgarse de ellos?
Yago frunció el ceño con disgusto.
Siempre se había dicho que Cristina era la hermana mayor de Vania, hija de otra madre. Sin embargo, en sus palabras no había ni una pizca del respeto que debería tenerle a una hermana; cada sílaba era un dardo venenoso buscando humillarla.
Al parecer, la imagen de la chica prodigio, la elegante y magnánima señora Cristina de la que todos hablaban, era pura fachada.
—Mi reputación no tiene la menor importancia, pero la directora Zapata es una mujer casada. A mí lo que me preocupa es que se afecte el buen nombre de ella.
Al escuchar a Yago, un murmullo de incredulidad recorrió el lugar.
Resulta que Vania ya estaba casada.
Pero nadie había escuchado jamás quién era su esposo.
¿Estando casada se atrevía a ser tan descarada y coquetear con otros hombres?
Las sonrisas burlonas y las miradas de desprecio en los rostros de los ejecutivos del Corporativo Alba eran inocultables.
Incluso entre el equipo del Grupo Nexo hubo quienes empezaron a murmurar por lo bajo.
Especialmente los dos ingenieros que la habían acompañado al centro de reposo la última vez.
Ellos mismos habían sido testigos del roce entre Vania y Hugo. Vania parecía muy alterada, mientras que el señor Yáñez parecía querer quitársela de encima.
¿Sería posible que los rumores fueran ciertos y que la vida personal de Vania fuera un completo desastre moral?
Cristina y Hugo habían acorralado la conversación de tal forma que, si Vania insistía en compartir la habitación con Yago, quedaría en ridículo.
Ahora todos la miraban bajo una luz completamente desagradable.
Yago sintió que había empeorado las cosas al tratar de ayudarla. Hugo, por su parte, curvó levemente la comisura de los labios, con una sonrisa indescifrable.
—Dejemos el tema de las habitaciones para más tarde. Ya es hora de cenar, será mejor que pasemos al comedor.
Alguien del Grupo Nexo intervino para romper el hielo y salvar la situación.
El hotel había preparado un banquete. El grupo de casi veinte personas del Corporativo Alba y del Grupo Nexo ocupó una gran mesa en el salón privado más exclusivo.
Cuando todos se sentaron, la distribución de los asientos resultó bastante extraña.
Originalmente, Vania y Yago se habían sentado juntos, al igual que Hugo y Cristina.
Pero después de que los demás les cedieran los lugares principales, Hugo y Vania terminaron justo en el centro de atención. Yago quedó sentado al lado de Vania, y Cristina al lado de Hugo.
Todos sintieron una tensión incómoda en el aire, pero nadie se atrevió a cuestionarlo.
—Disfruten la noche y descansen bien para la cumbre de mañana —dijo Yago, poniéndose de pie con su copa de vino en alto. Todos los demás lo imitaron.
Vania y Hugo estaban en el centro exacto, siendo el foco de todas las miradas.

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