Entrar Via

Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 233

Nuevo hogarInalcanzable: Mi esposa ya no me ama ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Lo que hiciera Hugo con Cristina, o con cualquier otra mujer, no le importaba en lo más mínimo.

No afectaba su vida ni le traía ningún beneficio o perjuicio real.

Simplemente sentía que todo este asunto del matrimonio era completamente absurdo.

Además, le intrigaba saber exactamente qué tipo de acuerdo prenupcial había firmado con él.

Hugo había mencionado que su matrimonio estaba por "expirar" pronto y que ella podría irse en cualquier momento.

¿Cuándo se suponía que llegaba esa famosa fecha de "expiración"?

Cristina tomó el micrófono y comenzó a hablar con gran elocuencia sobre el desarrollo de la IA y los resultados de las investigaciones de Corporativo Alba.

Incluso empezó a citar un artículo científico recién publicado en una revista internacional de investigación. Al escuchar salir de su boca toda esa jerga tan técnica y especializada, Vania se quedó de piedra.

*¡Ese es mi artículo! El que publiqué bajo el nombre del profesor Zavala.*

Cristina se estaba apropiando de su trabajo con una naturalidad pasmosa, sin que le temblara la voz ni se le enrojecieran las mejillas.

Las miradas de todos en la audiencia estaban clavadas en Cristina. Su discurso fluido, sin mirar notas, y su profunda comprensión de la tecnología de inteligencia artificial dejaron a todos los presentes asombrados.

Después de todo, encontrar a una mujer tan joven capaz de publicar en revistas académicas de ese calibre era una rareza; probablemente no había ni tres en todo el mundo.

Mientras Cristina continuaba hablando con seguridad, una voz interrumpió abruptamente desde la audiencia.

—Si no me equivoco, el fragmento que la señorita Figueroa acaba de citar pertenece al artículo de una estudiante del profesor Zavala. La identidad de esa estudiante ha sido un misterio hasta ahora. Yo tengo cierta amistad con el profesor, y en privado me reveló un pequeño detalle sobre ella.

El hombre continuó con tono implacable:

—Por cuestiones de privacidad, no puedo revelar quién es. Por supuesto, el profesor solo me confió su apellido, y les aseguro que no es "Figueroa". ¿Podría la señorita explicarnos a todos sus declaraciones recientes basándose en esto?

El discurso de Cristina fue cortado de tajo.

Un hombre de unos treinta y tantos años, con micrófono en mano, lanzó una acusación directa y afilada: Cristina estaba robando el trabajo de otra persona.

La Cristina que hace un instante rebosaba confianza ahora tenía su hermoso rostro ligeramente retorcido por el pánico.

Los organizadores y los grandes magnates tecnológicos en el público comenzaron a removerse en sus asientos.

La admiración se transformó en duda. Innumerables miradas se clavaron en ella como agujas, haciendo que Cristina se sintiera expuesta y humillada.

Ella sabía que, desde que se anunció esta cumbre, había pasado noches enteras preparando este discurso. Gracias a su excelente memoria, en tres días ya se lo sabía al derecho y al revés. Pensó que le sería útil en los paneles de debate libre.

Cristina, que siempre monitoreaba las revistas académicas, estaba convencida de que su discurso no tenía fisuras. Por eso se atrevió a usar el artículo respaldado por el profesor Zavala, ya que la firma estaba en caracteres chinos y, dado el nivel internacional de los invitados, era imposible que el autor estuviera presente.

Así que decidió adueñarse de esa investigación descaradamente.

Pero nunca imaginó que alguien la confrontaría en vivo. En una cumbre mundial, con cientos de lentes de medios comerciales transmitiendo en directo. Brillar aquí significaba ganar fama internacional y ser el centro de atención de la prensa a donde quiera que fuera.

Le quedaban apenas dos minutos para terminar su presentación. ¿De dónde diablos había salido este tipo?

Cristina sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua helada. Estaba congelada.

Fue Hugo quien tomó el micrófono y respondió con voz firme y resonante.

Ella podría haber usado su propia investigación para brillar en esta cumbre, pero Cristina se le había adelantado. Si Vania mencionaba el tema ahora, nadie se lo tomaría en serio.

—Ya grabé todo para tener las pruebas. Se las envié a mi abogada para que inicie la demanda.

Por supuesto que no se la iba a dejar tan fácil a Cristina.

Qué audaz, y qué manos tan largas tenía. No le importaba saber a dónde estaba metiendo las manos, pero quien roba tarde o temprano termina perdiéndolas.

Tras el foro principal, comenzó la sesión de interacción libre.

Cristina y Hugo estaban rodeados de personas.

Aunque su discurso había rozado el plagio, gracias a la defensa de Hugo, la gente terminó llevándose la impresión de que era una mujer culta y dedicada al estudio constante.

Los halagos le llovían por todas partes. Cristina no podía estar más feliz.

—Señorita Figueroa, usted y el señor Yáñez hacen la pareja perfecta. ¿Les molestaría si les tomo una foto?

Cristina miró de reojo a Hugo; él no parecía tener intención de negarse.

La emoción le infló el pecho. En un evento de esta magnitud, ¿qué diferencia había entre esto y que la presentara formalmente ante el mundo entero como su mujer?

Justo cuando iba a enlazar su brazo con el de Hugo, una voz masculina, profunda y clara, resonó a sus espaldas.

—¿Acaso el señor Yáñez no estaba ya casado? Y hasta donde sé, la señorita Figueroa no es su esposa..."

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama