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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 253

Para no amargarle el día a la anciana, Vania decidió no decirle nada.

Por la tarde, Yago llamó para confirmar si Vania iría con él a la casona o si llegaría por su cuenta.

Vania aceptó de inmediato y le dijo que lo esperaría.

Hugo le había dejado muy claro que una de las cláusulas del acuerdo prenupcial era que nadie en eventos públicos podía enterarse de su relación.

La fiesta de cumpleaños de doña Dolores era un evento masivo, lo que entraba perfectamente en la categoría de público.

Ella solo estaba cumpliendo su parte del trato.

Por lo tanto, llegar con Yago no rompía ninguna regla entre ellos.

Además, planeaba aprovechar la ocasión para regalarle el pisacorbatas y las mancuernillas de plata como muestra de agradecimiento por todo su apoyo.

Luna ya había salido a comer con Vania y Yago en un par de ocasiones, e incluso él la había llevado a un parque de diversiones; los dos se llevaban de maravilla.

A veces, Luna se acercaba al oído de Vania y le susurraba.

—Mami, ¿puedo cambiar de papá?

Odiaba a Hugo. Ella quería a Yago.

Vania le acariciaba la cabeza con ternura y reía.

—Tu tío Yago es increíble, mi amor, pero él tiene novia.

Luna puso cara de profunda decepción.

En el fondo de su corazón, realmente no quería que Hugo fuera su papá.

Él nunca las había querido, ni a ella ni a su mamá.

Miró a Vania y, con la inocencia de una niña, soltó:

—Mami, ¿el tío Yago no puede terminar con su novia?

Justo en ese momento, Yago, que había llegado a recogerlas, escuchó el final de la frase.

—¿Terminar con quién?

Luna estaba a punto de responder cuando Vania le tapó rápidamente la boca y forzó una risa nerviosa.

—Escuchaste mal.

Luna, extrañada, se sentó en la parte trasera del auto y no dejó de mirar la nuca de Yago durante todo el camino. Pensaba seriamente en cómo convencer al tío Yago para que fuera su papá.

Mientras tanto, en la casa, Marta había escuchado el motor de un auto y salió pensando que era Hugo.

Pero se encontró con un hombre desconocido. Le pareció que era el mismo sujeto que había ido a buscar a la señora la última vez.

Marta se llevó un buen susto. ¿Acaso la señora Vania de verdad estaba saliendo con alguien y pensaba dejar al señor?

En cuanto Vania y Yago desaparecieron en la distancia, Marta llamó directamente a Hugo.

Hugo no tardó en llegar, pero para cuando estacionó, Vania ya llevaba más de diez minutos de haberse ido.

—¿Dónde está Vania? —preguntó, destilando hostilidad.

La abuela lo había llamado exigiéndole que llevara a Vania y a la niña a la casona, así que había trabajado toda la madrugada en la oficina para liberar su agenda. Jamás imaginó que ella se iría con otro hombre.

Después del espectáculo que Vania armó en el centro comercial, Hugo había decidido pasar por alto su insolencia, solo porque le había comprado un regalo.

Y ahora resulta que...

—La señora se fue hace un buen rato, señor.

Marta le relató todo con lujo de detalles e incluso le mencionó lo que la niña había dicho sobre querer que ese hombre fuera su papá.

—Esto es demasiado caro, no puedo aceptarlo.

—Si no aceptas mi regalo, yo tampoco aceptaré el tuyo —respondió Yago con calma.

—No es lo mismo —insistió Vania—. Lo tuyo tiene muchísimo valor.

Yago sonrió.

—Lo que compraste tampoco fue una baratija, te costó siete cifras. Lo mío solo tiene una cifra más. Tranquila, desde el principio te he visto como a una hermana menor, no tengo otras intenciones.

»La verdad es que quería darte este regalo desde hace tiempo, tómalo como el detalle de un hermano mayor. Si lo rechazas, significa que no me consideras tu hermano.

Vania no tuvo más remedio que aceptarlo.

—Póntelo hoy —sugirió Yago—. A la fiesta de doña Dolores irán muchas personas importantes de la sociedad. Al fin y al cabo, eres la esposa legítima de los Yáñez; no puedes permitir que Cristina siempre te pase por encima.

Vania hizo una mueca. A ella le importaba un comino el título de señora Yáñez.

Si pudiera deshacerse de él, sería la mujer más feliz del mundo.

Yago conocía su carácter, pero sabía que la complejidad de la alta sociedad no era algo de lo que ella pudiera aislarse solo porque no le importara.

—Míralo de esta forma —añadió él—. Si no te importa el estatus de la familia Yáñez, al menos recuerda que ahora eres directora en Grupo Nexo. La gente es interesada, siempre buscan arrimarse al poder y pisotear al débil. Si brillas con luz propia y te muestras imponente, todos te ofrecerán ramas de olivo; si te escondes, te pasarán por encima.

»Si realmente quieres liberarte del control de los Yáñez algún día, no basta con tener dinero o talento; necesitas una posición que nadie pueda sacudir.

Las palabras de Yago calaron hondo en Vania.

El auto llegó a la entrada de la imponente casona. Los empleados, al ver a Vania, pensaron que Hugo venía con ella.

Pero se quedaron atónitos al ver que Vania traía a Luna, y que quien sostenía la mano de la niña era otro hombre.

Yago vestía un traje impecable de pantalón negro y camisa blanca. La tenue luz del atardecer lo envolvía, dándole un aura cálida y estable, muy diferente a la presencia agresiva de Hugo.

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