Entrar Via

Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 255

Doña Dolores estaba tan furiosa que le colgó el teléfono de golpe.

Hugo apretó los labios, pero siguió esperando sin prisa.

No fue hasta que Cristina bajó majestuosamente por las escaleras, y Xavier apareció vestido como un pequeño aristócrata engreído, que los tres subieron al auto junto con Sonia.

El banquete de cumpleaños de doña Dolores ya había comenzado.

Tras esperar y desesperar por Hugo sin ver rastro de él, la anciana se hartó.

—No los esperaremos más.

Vestida con un elegante traje oscuro de estilo tradicional, la anciana comenzó a recibir las felicitaciones de los invitados.

El abuelo de la familia Leal ordenó a sus asistentes que presentaran un coral de sangre valorado en cientos de millones, convirtiéndose de inmediato en el regalo más impresionante de la noche.

Doña Dolores debería haber estado encantada, pero al ver a su propia nieta política sentada plácidamente junto a Yago, el nieto del anciano Leal, tuvo que esforzarse por no mostrar su disgusto.

Aceptó el regalo con una sonrisa tensa, mientras por dentro ardía de impaciencia esperando a Hugo.

Una y otra vez le ordenó a los empleados que lo llamaran para apresurarlo, pero del otro lado de la línea ya nadie respondía.

Todos los invitados tomaron asiento. Justo cuando se preparaban para levantar sus copas y brindar por la longevidad y salud de doña Dolores, Hugo finalmente hizo su entrada.

Pegada a su lado venía Cristina, vestida con ostentación, mientras Hugo llevaba a Xavier en brazos. Todas las miradas del salón se clavaron de inmediato en ellos.

No cabía duda de que el atuendo de Cristina había eclipsado por completo a la festejada.

Era joven, hermosa, y llevaba un maquillaje seductor. Caminaba con una sensualidad calculada. A pesar de tener un hijo de cinco años, mantenía una figura envidiable, como si nunca hubiera dado a luz. Llevaba los hombros al descubierto y su falda tenía una abertura lateral profunda; con cada paso, dejaba entrever unas piernas largas y atractivas.

Con solo verla, doña Dolores frunció el ceño con profundo asco. Incluso los empleados de la casa se sintieron incómodos ante su apariencia.

—Hoy es mi cumpleaños y viene vestida como si estuviera ofreciendo sus servicios en la calle. ¿No le importa en lo más mínimo el honor de la familia? —murmuró la anciana, furiosa.

Hugo y Cristina se acercaron a doña Dolores. Cristina extendió su regalo con la mejor de sus sonrisas.

—Le deseo, abuela...

Antes de que pudiera terminar la frase, doña Dolores le hizo una seña a un empleado, quien tomó el regalo de las manos de Cristina y lo dejó en una mesa apartada.

—Suficiente. Busca un lugar y siéntate. Hugo me acompañará a brindar —dictaminó la anciana.

Cristina se quedó helada. En un evento de esta magnitud, como esposa dentro de la familia Yáñez, ¿no se suponía que debía recorrer el salón del brazo de Hugo saludando a los invitados?

Claramente, doña Dolores no tenía ninguna intención de darle ese privilegio.

La anciana fijó su mirada únicamente en Hugo.

Hugo, no queriendo contradecir a su abuela en público, se mantuvo a su lado.

—Ve a buscar a Vania. Ustedes dos me acompañarán —ordenó doña Dolores con voz firme.

Las palabras cayeron sobre Cristina como un balde de agua fría.

¿Qué intentaba hacer la anciana? ¿Hacer que Vania y Hugo caminaran juntos recibiendo las felicitaciones de todos? Vania jamás había sido vista en público con Hugo. Si hacían eso hoy, toda la alta sociedad de Nueva Alborada se enteraría de su relación.

Doña Dolores planeaba usar el banquete para oficializar frente a todos el estatus de Vania como la esposa de Hugo.

Hugo frunció el ceño ligeramente, dudando.

—Abuela, en este tipo de eventos no creo que sea necesario. Puedo acompañarla yo solo, o que mi madre lo haga...

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama