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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 272

Vania no tenía tiempo para fingir una relación de madre e hija.

—Dijiste que me entregarías las acciones del Grupo Zapata. Tráeme los papeles ahora mismo, los firmo y me voy sin molestarlos.

Al escucharla, Hugo, que estaba sentado en el sofá revisando su celular, levantó la mirada por unos segundos, observó su rostro, y volvió a bajar la vista.

Como si lo que dijeran no tuviera la más mínima importancia para él.

Cristina frunció el ceño.

—¿Cuándo dije yo que te daría las acciones de los Zapata?

Elena se apresuró a intervenir.

—Fui yo quien se lo dijo. Cris, cariño, no necesitamos las cosas de los Zapata. En un momento le transfieres eso a Vania.

De pronto, como si hubiera recordado algo, Elena cambió su expresión a una mucho más amable.

—Vania, hace años que no nos sentamos a comer juntas. La verdad es que te he extrañado mucho en todo este tiempo. Al fin y al cabo, somos madre e hija, y es una rara ocasión en la que tu hermana también está aquí. Siéntate con nosotras, es solo una comida, no me digas que ni siquiera estás dispuesta a concederme eso.

Por las cosas de la familia Zapata, sumado a las palabras cargadas de emotividad de Elena, Vania dudó. Cuando era niña y su padre aún vivía, Elena solía ser muy atenta con ella.

Al menos disfrutó del amor maternal durante cinco años de los que aún conservaba recuerdos.

Al ver que Vania se quedaba en silencio, Elena supo que había cedido.

Le pidió a la empleada que sirviera unos bocadillos. Vania se sentó lo más lejos posible de Cristina y Hugo.

Elena no le prestó más atención y se dedicó a tomarle la mano a Cristina, preguntándole con cariño por su vida en la familia Yáñez.

Xavier, en cuanto llegó, subió corriendo a jugar videojuegos, así que al menos él no estaba a la vista molestando a Vania.

Vania se sentía profundamente incómoda y solo deseaba que el tiempo pasara rápido para irse de ahí.

Por fin llegó la hora de la cena, y las empleadas de los Figueroa sirvieron un banquete exquisito.

Vania miró los cubiertos frente a ella, pero no hizo ademán de moverse.

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