Tal vez había sido demasiado impaciente. Quería darle una lección a Yago y olvidó que la pérdida de memoria de Vania podía ser real.
La mujer devota de sus cinco años de matrimonio tal vez había desaparecido para siempre, siendo reemplazada por esta mujer envuelta en misterio, que lo ignoraba por completo y no sentía absolutamente nada por él.
—Si tienes algo que decir, dilo, y te advierto que no me toques.
Hugo se burló de las palabras de Vania.
—Eres mi esposa.
Vania se cruzó de brazos y lo miró con ironía.
—No soy su esposa, señor Yáñez. Ahórrese el drama. Hable rápido, no quiero que la gente nos vea y se haga ideas equivocadas.
Hugo dio un paso hacia ella. Los labios de Vania se curvaron en una sonrisa maliciosa, y de inmediato le arrojó el contenido de su copa de vino a la cara.
Lo tomó completamente desprevenido; su ropa y su rostro quedaron manchados de vino.
Vania alzó la voz de repente, llamando a un camarero que pasaba por ahí.
—Por favor, lleva al señor Yáñez a limpiarse, su ropa se manchó de vino.
El camarero se acercó de prisa. Hugo de por sí era el centro de atención, y el movimiento de Vania había sido tan brusco que muchos invitados giraron a mirar.
Por coincidencia, el Comisionado Zúñiga acababa de llegar.
Vania no conocía al Comisionado, pero Hugo sí.
El Comisionado venía acompañado por Dante Yépez, el Ministro Ximénez y otros invitados de alto rango.
Al ver a Vania, el Ministro Ximénez se acercó de inmediato a saludar.
—Señorita Zapata...
El plan de Hugo de hablar a solas con Vania quedó arruinado por completo.
El Ministro Ximénez guió al Comisionado hacia donde estaba Vania y procedió a presentarlos.
—Comisionado, ella es la hermana de crianza del señor Leal, Vania, y también la subdirectora del Grupo Nexo.

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