Yara miró fijamente a Miguel.
—Si es la esposa del jefe, ¿por qué está con Yago Leal?
Miguel se quedó en blanco. No tenía idea de por dónde empezar a explicar.
—¿El hijo de Yago Leal es en realidad del jefe?
Miguel seguía mudo. La historia era demasiado complicada para resumirla.
—Si es su esposa, ¿por qué el jefe simplemente no la recupera por la fuerza? En lugar de eso, me manda a mí a seducir a ese tipo. ¿Acaso la esposa no lo ama y lo está engañando con el otro?
Fueron tres preguntas letales, cada una más incómoda que la anterior. A Miguel le sudaban las manos de solo pensar en la situación de su jefe.
—A ver, el jefe no mencionó nada de eso. Tú solo tienes que hacer tu trabajo y no hacer preguntas innecesarias.
Yara asintió, mostrando que había entendido.
Pero su siguiente comentario casi le provoca un infarto a Miguel.
—Aun así, tengo que matar a la esposa. De lo contrario, no podré completar la misión.
Yara hizo una leve inclinación de cabeza a modo de agradecimiento.
—Me retiro. Espero volver a verlo.
Caminó hacia la salida con pasos firmes y calculados, luciendo exactamente igual que en el Complejo X-I, como una auténtica guerrera implacable.
Miguel se quedó con la mente hecha un lío.
Esto es un desastre. ¿Estará Vania en peligro?
Ajena a todo esto, Vania durmió profundamente en la mansión de la familia Leal hasta que el sol ya estaba en lo alto.
La señora Leal llevaba un buen rato jugando con el pequeño Davisito.
Al ver a Vania bajar por las escaleras, la señora Leal le pasó el bebé a la niñera.
—Ven a desayunar. Yago y los demás ya comimos, solo faltabas tú. La subasta empieza a las nueve y media, tenemos tiempo de sobra.
Desde la muerte de su padre, vivir en la mansión Leal era la mejor experiencia que Vania había tenido. Sentía que esa era su verdadera familia.
—Claro que sí.
Vania se dirigió al comedor. La comida preparada por el personal era abundante y nutritiva, perfecta para ella que estaba en periodo de lactancia.
Media hora después, se cambió y se puso ropa cómoda pero elegante para salir. Yago fue el encargado de conducir, llevando a Vania y a su madre, mientras el abuelo Leal iba en el auto con don Renato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama