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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 569

Por lo tanto, aunque la llegada de Hugo había puesto tenso a Dante en un principio, al ver a Cristina a su lado, sintió un profundo alivio.

El matrimonio de Hugo y Vania no podía disolverse públicamente tan rápido sin causar daños colaterales, especialmente para la siguiente generación.

El hecho de que solo unos pocos supieran que Hugo y Vania estaban casados en realidad no afectaba sus propios planes.

—¿Los que están con Vania no son el Ministro Ximénez y el Director Yépez? ¿Por qué siempre están rondándola?

Adrián estaba desconcertado. Por muy alto que fuera el estatus de la familia Leal en la alta sociedad, no era suficiente para que esos pesos pesados de la política se deshicieran en atenciones y respetos hacia Vania de esa manera.

Si ella solo estaba aprovechando la influencia de los Leal para escalar, no debía creerse que realmente tenía algún mérito propio.

Cristina, por su parte, se ponía sumamente nerviosa cada vez que Vania estaba cerca. No le quitaba los ojos de encima a Hugo.

Quería observar de cerca la actitud de Hugo hacia Vania, y tal como temía, notó que la mirada de él estaba clavada en ella. En esos ojos que siempre habían sido oscuros, fríos e indiferentes, de repente brillaba una luz inusual.

Cristina estaba aterrada.

Miró a Hugo de reojo, desesperada por saber qué pensaba él de Vania, pues eso lo cambiaría todo.

Mateo comentó en tono casual:

—Que nuestra cuñada mayor haya sido invitada a un seminario tan exclusivo, ¿no demuestra que tiene un talento excepcional? Escuché que la ponente principal de hoy es precisamente ella; no me sorprendería que todo este evento se haya organizado en su honor.

Al escuchar esto, a Cristina se le encogió el corazón. La envidia la carcomía por dentro, negándose a aceptar aquella realidad.

Si el seminario era para Vania, ¿qué méritos tenía esa mujer para pararse frente a gente tan importante y dar cátedra?

Ella, Cristina Figueroa, que figuraba en la lista de los hispanos más ricos del mundo, había necesitado de la influencia de Hugo solo para conseguir un pase de entrada.

Y Vania, con solo colgarse del brazo de la familia Leal, ya era puesta en un pedestal. El sabor amargo en la boca de Cristina era insoportable.

Adrián, por supuesto, no se lo tragaba.

—Por favor, seamos realistas. El profesor Zarate y Yago son uña y mugre. Si Yago quiso armarle un escenario a Vania, lo más seguro es que le haya comprado los artículos de investigación, los discursos académicos y hasta el guion que tiene que recitar.

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