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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 570

Adrián seguía presumiendo y hablando solo, visiblemente encantado consigo mismo. Cristina ya se había dado cuenta del absoluto desdén en las miradas de Mateo e Iker, pero Adrián era tan ciego que no lo notaba.

Él había invertido en el proyecto de los robots del Corporativo Alba y recuperado casi cincuenta mil millones en utilidades. Ahora estaba desesperado por volver a inyectar capital, pero Cristina le daba evasivas, y él solo buscaba la manera de convencerla para que aceptara su inversión.

Sabía que Cristina estaba obsesionada con Hugo. Al ver que Hugo aún no daba el paso definitivo para casarse con ella, Adrián pensó que, si le daba un empujoncito y le ayudaba a consolidar su posición, ella le devolvería el favor cediéndole la entrada al negocio.

—Por favor, el señor Mendoza me adula demasiado —interrumpió Cristina, intentando frenarlo. Por un lado, Mateo y los demás no le tenían el menor respeto a su autoridad; por otro, el Corporativo Alba estaba al borde del colapso interno, a punto de estallar en cualquier segundo.

Hugo había prometido encargarse del problema, y ella estaba paralizada por el pánico, incapaz de afrontarlo por sí misma.

Él había salido apenas media hora antes, solo para regresar y decirle que la llevaría a un seminario sobre tecnología de inteligencia artificial, diciéndole que "debía aprender más". Ese comentario había destrozado la poca tranquilidad que le quedaba.

Si el problema del Corporativo Alba recaía finalmente sobre sus hombros y se esperaba que ella lo resolviera con sus propias capacidades, Cristina sabía perfectamente cuál sería su trágico final.

Como era evidente que ella no quería seguir hablando del tema, Adrián guardó silencio. En ese momento, el Comisionado Zúñiga hizo su entrada.

De inmediato, una multitud se arremolinó a su alrededor, todos desesperados por estrechar la mano del prominente político.

El Comisionado Zúñiga respondió a los saludos con cortesía ensayada y, guiado por su secretario Valerio Sosa, se dirigió directamente hacia donde estaba Vania.

Vania y Yago habían planeado acercarse a saludarlo, pero al ver la horda de personas a su alrededor, decidieron esperar a que se despejara el camino.

El secretario Sosa fue abriendo paso entre la multitud hasta llegar a Vania. Ayudó al comisionado a zafarse de los incesantes aduladores y finalmente se detuvieron frente a ella.

—Directora Zapata, mis disculpas por la demora.

Aquella frase dejó boquiabiertos a todos los presentes.

El mismísimo Comisionado Zúñiga le estaba hablando con absoluto respeto a una mujer tan joven. Solo Dante Yépez lo vio como algo normal; después de todo, el talento de Vania era innegable, y los Robots Tácticos de Defensa, un proyecto confidencial del gobierno, estaban bajo su mando directo.

El tono respetuoso de Zúñiga no era más que un reconocimiento a su brillante capacidad técnica.

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