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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1127

—Roxana, mira... ¿esa no es Yara?

Gema, que originalmente estaba en el segundo piso acompañando a Bernardo, había bajado junto con Roxana porque su padre le avisó que habían llegado unos invitados importantes y necesitaba que ella los recibiera.

Pero apenas pusieron un pie en el primer piso, se encontraron con Yara Soler, quien se suponía debía estar en el hospital, caminando muy sonriente detrás de un anciano de aspecto bonachón.

Roxana ignoró por completo a Yara, que trotaba servilmente al lado del hombre, y le dijo a Gema:

—Tía Gema, ese es el director del Hospital Edson. La relación que tiene con su familia...

Gema ya sabía por Bernardo que el Hospital Edson estaba involucrado en asuntos turbios, y que sus inversionistas, la familia Solórzano, incluso habían intentado asesinar a Bernardo en el pasado. Su desprecio por esa gente era palpable.

—¿Cómo se atreve Yara a meterse a la boca del lobo? Andar detrás del director Clemente de esa manera... ¿no le importa lo que diga la gente?

—Si le importara, no habría venido desfilando junto a él como un payaso.

—Espera, hay alguien más detrás de Clemente. Parece ser Patricio Solís.

—Es él —Roxana ya lo había notado desde hacía rato.

Las miradas de ambos se cruzaron en la distancia.

Patricio dejó atrás su habitual expresión sombría y le dirigió una sonrisa de medio lado.

Las jóvenes de la alta sociedad, que no habían dejado de observarlo a escondidas desde que puso un pie en la entrada, soltaron pequeños gritos ahogados al verlo sonreír de repente.

—¡Santo cielo! ¿A quién le está sonriendo?

—¿Quién es esa chica? No la vi llegar.

—Si está parada junto a la señorita Gema, no puede ser una cualquiera. Además, mira el vestido que lleva. Es el nuevo diseño exclusivo de Maison Milán; ni siquiera ha salido oficialmente a las tiendas.

—Maison Milán no es cualquier marca. A menos que tengas un estatus sumamente privilegiado, es imposible conseguir un estreno global tan valioso. ¿Quién diablos es ella?

—No lo sé. Déjame tomarle una foto rápido para preguntarle a mis amigas.

Yara caminaba rodeada de un grupo de hombres mayores. Al notar que varias personas a su alrededor murmuraban y la señalaban, asumió que todos estaban maravillados por su encanto inigualable. Su sonrisa se ensanchó, rebosante de orgullo.

—Hola, disculpa, ¿podrías...?

En ese momento, una chica se acercó para hablarle.

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