—¿E... esta es *El Manantial de las Nubes*? ¿Roxana Soler realmente logró tocarla?
—No puedo creerlo, ¡¿cómo puede ser tan buena?!
—¿Cómo que no lo puedes creer? ¡Simplemente es increíble! Esta pieza tiene más de mil cambios de tono y *staccatos*, y ella la tocó de principio a fin sin equivocarse ni una sola vez.
—Y no es solo eso. La digitación es solo la dificultad más superficial de esta pieza. Lo verdaderamente difícil es tomar esas notas y darles forma, materializar emociones que no podemos ver.
—Saben... hace un momento, después de escuchar a la Reina Yara, sentí el corazón pesado. Pero tras escuchar la música de Roxana, me siento completamente ligero.
—Más que ligero, me siento con una energía increíble, como si acabara de conocer a mi ídolo en persona, ¡y hasta me hubiera dado un abrazo!
—Sin exagerar, no me atrevo a imaginar lo feliz y lleno de vida que sería si pudiera escuchar a Roxana tocar el piano todos los días...
...
Ximena Torres se frotó las manos con cierto nerviosismo, sin apartar los ojos de la gran pantalla.
—Me pregunto qué puntuación le darán a Roxana...
El corazón de Camila Yáñez también dio un pequeño vuelco.
—No creo que sea más baja que la de la Reina Yara, ¿verdad?
Brenda, en ese momento, estaba con la boca abierta, completamente estupefacta.
Recordó haberle preguntado a Yara Soler sobre el nivel de Roxana anteriormente.
En aquel entonces, Yara le había asegurado que no era rival para ella.
Pero, visto lo visto, la realidad era completamente distinta.
Aunque la música no era su fuerte, hasta ella podía percibir el deslumbrante talento de Roxana.
Si hubiera sabido que Roxana tenía semejante nivel, ¡jamás habría firmado esa estúpida apuesta!
¿Y ahora qué iba a hacer?
Por primera vez en mucho tiempo, Brenda sintió miedo.
Era ese terror profundo y perturbador que siente un niño pequeño tras cometer un error desastroso del que no puede escapar...
La mirada de Caleb Valente estaba clavada en Roxana a través de la pantalla.
«¡Un nivel como este no puede ser pura suerte!»
Pero, ¿por qué la universidad no la valoró antes? ¿Por qué la habían dejado como una estudiante fracasada que todos despreciaban tras dejar su instituto técnico?
En el segundo piso.
El Profesor Javier Yates, siendo él mismo profesor de música y un apasionado del arte, quedó maravillado al presenciar el talento de Roxana. Con cautela, le preguntó:
—Señorita Roxana, ¿ha estudiado antes con algún maestro en particular?
Al ver que la profesora perdía el control, Yara Soler intervino rápidamente.
—Profesora Lidia, no se moleste. Roxana siempre ha sido muy directa, pero no lo hace con mala intención... Oye, Roxana, ¿acaso cambiaste la partitura del Maestro Ezequiel hace un momento?
Roxana entrecerró los ojos.
En efecto, había modificado tres partes, aunque eran detalles menores.
Pensó que el primero en notarlo sería el Profesor Javier; jamás imaginó que sería Yara.
Sostuvo la mirada de Yara, que fingía preocupación pero destilaba triunfo, y esbozó una ligera sonrisa.
—Sí. ¿Algún problema?
Al escucharla admitirlo, los ojos de Yara brillaron de júbilo. Fingiendo incomodidad, preguntó en voz alta:
—Cuando Silvano Sarmiento adaptó su pieza, sabía que debía contactar al autor original. ¿Tú contactaste al Maestro Ezequiel? ¿Él autorizó tus modificaciones?
Yara estaba convencida de que Roxana solo se había atrevido a cambiar pequeños detalles porque no tenía forma de contactar al Maestro Ezequiel.
Si se tratara de la canción de cualquier otra persona, no habría importado tanto.
¡Pero hablaban del Maestro Ezequiel! ¡La máxima autoridad de la música a nivel nacional!
¿Quién se creía que era Roxana para atreverse a modificar su partitura sin permiso?

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