Después de todo, era una composición que la propia Roxana valoraba. ¡No darle la máxima puntuación sería un insulto a su propio "trabajo"!
Pero jamás imaginó que el Maestro Ezequiel descubriría la trampa.
—Respóndeme —exigió Ezequiel, y al ver que ella no hablaba, su aura se volvió aún más imponente.
Bajo esa presión, el corazón de Alcira latía desbocado y sus piernas comenzaron a temblar.
—Sí... es una creación completamente mía.
La mirada de Ezequiel se volvió gélida.
—¿Estás segura? Sabes bien que no te haría esta pregunta sin motivo.
¡Esa frase era prácticamente una declaración pública de que la obra de Alcira era un fraude!
Todos los presentes se quedaron helados.
Nadie sabía cómo reaccionar.
El rostro de Alcira perdió hasta la última gota de color. Apenas podía mantenerse en pie.
No entendía por qué el Maestro Ezequiel se empeñaba en acorralarla. Incluso si la partitura era de Roxana, ¿qué tenía que ver él en todo esto?
¿Acaso Roxana se había dado cuenta del robo y fue a acusarla con el Maestro antes del evento?
De pronto, recordó que la última vez que fue a buscar a Roxana, la vio terminando de hablar con alguien.
¡Y esa persona se parecía muchísimo a Ezequiel!
Al atar cabos, se convenció de que no podía confesar. ¡Quién sabe qué mentiras le habría contado Roxana!
—Maestro Ezequiel, por supuesto que estoy segura de que es mi obra. Pero no entiendo por qué, entre tantos participantes, tiene que ensañarse precisamente conmigo. No solo intenta obligarme a admitir un plagio inexistente, sino que me humilla poniéndome un cero.
Al decir esto, su delicado rostro se llenó de una profunda tristeza.
—Ya había escuchado que el Maestro Ezequiel era difícil de tratar, ¡pero no sabía que usaría su poder para humillar a una jovencita!
—Es cierto. Yo también supe que la hija de los Maldonado estuvo muy enferma. Varias veces la hospitalizaron en estado crítico. Que haya logrado llegar a este escenario ya es un milagro.
—Entiendo que para gustos, los colores. Si al Maestro no le gusta el estilo, puede ser respetuoso y ponerle un cinco o un seis. ¡Pero no darle ni un solo punto es una barbaridad!
—¡Ese cero es un insulto! Si la obra fuera mala, lo entendería, pero sonó hermoso. ¿Con qué derecho le da un cero?
—¿Acaso por tener poder y fama, todos tenemos que agachar la cabeza y aguantarlo?
Roxana, al escuchar cómo todos defendían a Alcira, sintió que su rostro se endurecía.
La manipulación de Alcira había alcanzado un nuevo nivel.
Al ver que solo le había bastado hacerse la víctima para revertir la situación y volcar todo el odio hacia el Maestro Ezequiel, Alcira sintió una ola de triunfo.
«Si hasta el Maestro Ezequiel acaba de perder ante mí, ¿qué más podría hacer la inútil de Roxana?»

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