Vaya, qué bien se coordinaba la familia.
—Mira, que la empresa me quiera usar y tirar, obviamente no me gusta. Pero si eres tú quien toma mi lugar, al menos me siento un poco más tranquila —dijo Isabella, tomando la mano de Otilia—. Después de todo, somos mejores amigas. Si tú cosechas los frutos de mi trabajo, seguro que te acordarás de mí.
Con esa frase, «usar y tirar», dejó clara la naturaleza del asunto.
Y con «si tú cosechas los frutos de mi trabajo», recalcó que el mérito era de Isabella, que Otilia simplemente había llegado a recoger la cosecha.
Frente a alguien que solo sabía recoger frutos, ¿cómo iban a respetarla los colegas del equipo?
A Otilia se le borró la sonrisa.
—Yo… yo no puedo aceptar este proyecto.
—¿Entonces renuncias?
—Yo…
—Claro, sé que no quieres hacerlo.
Isabella sonrió levemente, con un aire de generosidad que hacía que Otilia pareciera mezquina.
No dejó que Otilia la acompañara y fue sola a la oficina de Raúl.
Raúl sabía que vendría y ya tenía preparada su respuesta.
—Bella, sabes que siempre te he valorado mucho. El día de mañana, cuando yo me retire y Gabriel se haga cargo de la empresa, serás su mano derecha, su apoyo incondicional. Ahora que todavía estoy aquí para guiar las cosas, quiero que vayas y abras nuevos caminos para la familia. Los jóvenes necesitan curtirse para poder asumir grandes responsabilidades.
Ese discurso era perfecto para manipular a un recién egresado, pero ella ya era una veterana en esto.
—Señor presidente, ¿a qué se refiere? No entiendo muy bien.
—Hay un proyecto en Ciudad del Mar y quiero que vayas tú a dirigirlo. Es igual de importante, y solo confío en ti para esa tarea.
«Ja. Mandarme a otra ciudad para que Otilia pueda volver a casa a cuidar de su embarazo», pensó.
Mientras ellos vivían felices en familia, a ella no solo la mantenían engañada, sino que además la usaban como mula de carga.
Qué bien calculado lo tenían todo. Merecían un aplauso.
—A Ciudad del Mar y esos lugares, no voy a ir. Sigo en lo mismo: si quieren que renuncie al proyecto del Grupo Domínguez, denme una boda espectacular.
Raúl frunció el ceño.
—Te estoy hablando con calma porque te considero mi nuera. De lo contrario, ¡ja!
Isabella arqueó una ceja.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...