Como Isabella no quiso aceptar la casa, Gabriel se enojó de verdad.
Durante todo el camino de regreso, no le dirigió ni una sola palabra.
Al llegar a casa, Diana notó el descontento de su hijo y le lanzó una mirada fulminante a Isabella.
Isabella la ignoró por completo y subió a cambiarse.
Cuando bajó para la cena, ni Raúl ni Gabriel estaban. Diana estaba sentada sola en la mesa, pero no habían puesto un lugar para ella.
—Como te vi de tan mal humor, supuse que no tenías hambre, así que no le pedí a Manuela que te preparara nada.
—Ah, ¿sí?
Isabella vio a Manuela salir de la cocina con un plato de comida y se acercó para tomarlo.
Antes, solía ayudar a Manuela con la cena, así que la empleada, pensando que quería ayudar, se lo entregó sin más.
Pero Isabella fingió que no lo agarraba bien, retiró la mano y el plato se estrelló contra el suelo.
Al ver eso, Diana se levantó de un salto y le gritó:
—¡Qué te pasa! ¿Ni siquiera puedes sostener un plato? ¡Haberte aceptado en esta familia fue un gran error!
—No fue a propósito.
Isabella, fingiendo estar muy dolida, corrió a la cocina, tomó un plato limpio, recogió la comida del suelo y se la arrojó a Diana sobre la mesa.
—¿Qué… qué estás haciendo?
—Come, no hay que desperdiciar.
—¡Me estás diciendo que coma basura del suelo!
—¿Acaso la basura no es lo tuyo?
—¡Tú!
«Porque tú misma eres basura», pensó.
Viendo a Diana con la cara lívida de rabia, Isabella se lavó las manos y subió alegremente a su cuarto.
***
Al día siguiente, al llegar a la oficina, Sara la esperaba junto al elevador.
—Jefa, ¿qué está pasando? ¡Estoy que me muero de la angustia! Esa Otilia, ¿no es tu amiga? ¿Cómo es que te roba el proyecto, justo ahora que está por firmarse el contrato y es momento de cosechar los frutos? ¡Esto es un abuso!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...