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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 2

A Isabella se le hizo un nudo en la garganta.

—¿Estás… estás seguro de que no te equivocaste?

—No hay error.

El corazón de Isabella se partió en mil pedazos.

Así que su esposo no era su esposo, sino el esposo de su «mejor» amiga…

El sonido de un violín la sobresaltó. Aturdida, giró la cabeza para mirar hacia afuera.

Bajo un cielo estrellado, rodeados de flores y con un violinista tocando para ellos, Gabriel tomó la mano de Otilia y, al ritmo de la música romántica, comenzaron a bailar.

En la pantalla gigante apareció otra foto, una tomada en un crucero.

Ella también tenía esa foto, solo que en la suya aparecían los tres. La habían cortado.

Ja. Y pensar que fue ella quien organizó ese viaje…

¡Por Dios!

La rabia estuvo a punto de consumirla. Apretó los puños y caminó con decisión hacia ellos.

Iba a desenmascararlos, a exigirles que le dijeran por qué le habían hecho algo así.

En ese momento, Otilia sacó algo de su bolso y lo agitó frente a los ojos de Gabriel.

Gabriel abrió los ojos como platos, se lo arrebató para mirarlo de cerca y una alegría desbordante iluminó su rostro.

Isabella se detuvo. Lo que Otilia tenía en la mano era una prueba de embarazo. Ella la había usado varias veces, pero siempre con resultados decepcionantes.

—¡Voy a ser papá! ¡Voy a ser papá! —gritó Gabriel, un hombre normalmente tan sereno y controlado, tan emocionado que parecía querer compartir la noticia con el mundo entero.

Y ella… ella creyó entender por qué.

***

Dos horas después, Isabella siguió en su carro a Gabriel y a Otilia hasta la casa de la familia Ibáñez.

Apenas Otilia bajó del carro, Diana Ibáñez salió a recibirla.

—¡Oti, hija mía! Gabriel me acaba de llamar para decirme que estás embarazada. ¡Ay, qué noticia tan maravillosa! Por eso nunca quise que Gabriel se casara con Isabella. ¡Por el accidente que tuvo! Le dañó el útero, ¡no puede tener hijos!

Otilia tomó la mano de Diana.

—No me siento mal por eso.

—Buena niña. Eso es lo que más me gusta de ti, que entiendes lo que es importante.

Isabella observó cómo su suegra, que siempre le había hablado con frialdad, tomaba la mano de Otilia con un cariño infinito, llamándola «hija mía» una y otra vez mientras la guiaba hacia el interior de la casa.

—Señorita Quintero, lamento que esta verdad la haya lastimado. Pero estoy seguro de que, entre un engaño malicioso y una verdad cruel, usted elegirá lo segundo.

—Si me ha investigado, debería saber que tuve un accidente de carro y que me es muy difícil quedar embarazada.

—Conozco a un viejo doctor. Una vez le tomó el pulso y me aseguró que podía hacer que se embarazara. Yo le creo.

Isabella no sabía quién era ese viejo doctor del que hablaba el señor Domínguez ni cuándo le había tomado el pulso, pero después de todo esto, no dudaba en lo más mínimo de sus capacidades.

Volvió a mirar la casa de los Ibáñez. Las luces brillantes iluminaban el lugar que una vez consideró su hogar.

Pero ahora…

—De acuerdo, ¡acepto casarme con su hijo!

—¡Excelente!

—Pero quiero una boda por todo lo alto, ¡y la quiero pronto!

—Por supuesto. Si la familia Domínguez casa a su hijo, ¡naturalmente será el evento del que toda la ciudad hablará!

Una boda requería tiempo para prepararse, así que la fijaron para dentro de un mes.

***

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