Ese mes sería perfecto para divertirse un poco con los Ibáñez.
Isabella guardó su celular y caminó con decisión hacia la casa.-
Tocó el timbre y, al poco rato, la empleada, Manuela, abrió la puerta. Al verla, se quedó de piedra.
—Isabella, ¿tú… no estabas de viaje de negocios? ¿Cómo es que regresaste de repente?
Isabella la ignoró y pasó a su lado para entrar.
—¡Señora, señora! ¡La señorita Isabella regresó del viaje! —gritó Manuela hacia adentro, al no poder detenerla.
Justo cuando Isabella llegaba al pie de la escalera, Diana salió a toda prisa de la cocina con un tazón de caldo de pollo en las manos para interceptarla.
—Tú, ¿cómo es que…?
—Gabriel está arriba, ¿verdad?
—No, no está en casa…
—Voy a buscarlo.
Sin prestar atención a lo que Diana decía, Isabella subió directamente las escaleras.
—¡Bella, Bella, no subas! —la persiguió Diana, alarmada.
Isabella subió a toda prisa, directa a la habitación que compartían. Quería ver qué explicación le darían cuando los descubriera juntos en el mismo cuarto.
Entró de golpe y vio a Gabriel, que acababa de salir del vestidor.
Al ver a Isabella, el pánico se reflejó en sus ojos. Instintivamente, dio un paso atrás, como si intentara ocultar algo.
—Bella, tú…
—¿Que cómo es que volví de repente del viaje? ¿Eso ibas a preguntar? —Isabella se acercó a Gabriel en un par de zancadas y arqueó una ceja—. ¿Por qué todos me reciben con la misma pregunta? ¿Acaso no debería haber vuelto?
Gabriel frunció los labios.
—Debiste haberme llamado antes.
Isabella sonrió.
—Quería darte una sorpresa.
—…
—¿Por qué parece que solo te di un susto y no una alegría?
Gabriel exhaló.
—Claro que no, te extrañaba mucho.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...