La lluvia parecía haber traído una ola de frío. Isabella sentía un frío que le calaba los huesos y buscaba con desesperación un lugar cálido. Sin darse cuenta, condujo hasta la casa de la familia Ibáñez, el lugar que alguna vez consideró su hogar.
Se bajó del carro y caminó, tambaleándose, hacia la casa. A través de la ventana, vio a los que una vez consideró su familia, sentados alrededor de la mesa, riendo y conversando. Lo que los hacía tan felices era una ecografía.
Raúl, dejando de lado su habitual seriedad, sostenía la imagen y la miraba con una sonrisa. Diana se acercó, señalando un pequeño punto y diciendo que era el nieto de oro de la familia Ibátñez.
Gabriel estaba aún más feliz. Él, que nunca bebía en casa, se sirvió una copa llena y se la bebió de un trago. La emoción no lo dejaba quieto; se volteó y abrazó a Otilia, dándole las gracias una y otra vez.
Y Otilia estaba sentada en el lugar que antes era de ella. Se veía tan cómoda, como si ese asiento siempre le hubiera pertenecido.
Isabella sonrió con amargura. En esa casa ya no había lugar para ella. Quizá nunca lo hubo.
La habían engañado de la forma más cruel y asquerosa posible.
Tenía que vengarse, tenía que…
Pero apenas dio un paso, se desplomó en el suelo.
La lluvia caía con fuerza sobre ella, y las risas de ellos en ese momento parecían tener peso, aplastándola. No le quedaban fuerzas para gritar ni para pelear, solo la suficiente para huir de allí.
Volvió a subirse al carro y se alejó a toda prisa, conduciendo por las calles sin rumbo fijo.
Los carros bajo la lluvia se movían con prisa, todos con un destino, todos de vuelta a casa. Pero ella ya no tenía casa…
En ese momento, sonó su celular.
Sonó y sonó, varias veces, hasta que por fin se dio cuenta. Lo tomó, confundida, y contestó.
—¡Nuera! ¿Dónde andas? ¡Mándame tu ubicación!
La voz enérgica de Iván resonó en el teléfono.
—¿Para qué? —preguntó ella, sin fuerzas.
—Hoy empieza el otoño y dicen que hay que regalarle el primer café con leche de la temporada a la gente que quieres.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...