—Entonces, ¿insinúas que, aunque me muera, no puedo tocar a otra mujer que no seas tú?
Él se inclinó, con la mirada clavada fijamente en ella.
Isabella quería decir que no se refería a eso, pero en el fondo… parecía que sí era exactamente eso lo que quería decir.
—Yo no he estado con nadie.
—¿Qué?
—Desde el divorcio, no he tocado a ninguna mujer.
Lo dijo muy en serio, como si necesitara que ella le creyera. Pero ¿por qué le decía eso? Ya estaban divorciados…
—¿Y tú?
—Yo… yo tampoco.
En cuanto lo dijo, Isabella se arrepintió. Debió haberle dicho que no era de su incumbencia, pero al mirar a los ojos de Jairo, la respuesta salió sola.
Ella fue quien pidió el divorcio, pero también era ella la que no lograba cortar por lo sano de manera limpia.
Odiaba sentirse así.
Isabella respiró hondo.
—Aunque ahora no tenga novio, en el futuro…
—¡En el futuro tampoco lo tendrás! —Jairo la agarró repentinamente por los hombros, con el rostro ensombrecido.
—Yo no te estorbo a ti, ¿con qué derecho te metes en mi vida?
—Yo tampoco tendré a nadie más.
—Estamos divorciados…



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...