Isabella respiró hondo e iba a preguntar de nuevo cuando llegó Facundo seguido de Víctor. Ambos tenían golpes en la cara y la ropa sucia de tierra; ¿acaso se habían peleado?
Al enterarse de que Carlota no aparecía, Víctor agarró a Facundo de la ropa.
—¡Dile a tu hija que confiese de una maldita vez qué le hizo a Carlota!
Facundo empujó a Víctor, se sacudió la ropa, miró a Isabella y luego a Rocío.
—Rocío, diles dónde está Carlota.
Al oír eso, a Rocío se le salieron las lágrimas.
—Señor, ¿usted tampoco me cree?
Facundo frunció el ceño.
—¿No sabes?
—¿Qué tengo que ver yo con que se pierda? ¿Por qué todos me reclaman a mí? ¡Yo soy la víctima! Carlota me pegó hace rato y todavía me duele.
Facundo miró a Rocío; dado que ya había mentido antes, no le creyó del todo.
—Facundo, si le pasa algo a Carlota, ¡te juro que no te la vas a acabar! —le gritó Isabella.
Facundo iba a interrogar más a Rocío, pero ante la amenaza se enfureció.
—¡Yo le creo a Rocío, ella no está mintiendo!
—Puedes creerle lo que quieras, pero si lastimó a Carlota, ¡esa cuenta te la cobro a ti!
—Isabella, solo por Jairo no me meto contigo, ¡no te pases!
—¿Quieres ver quién se pasa? —Víctor le soltó un puñetazo directo.
Facundo recibió el golpe en el pecho y respondió de inmediato con otro golpe a Víctor.
Se armó la pelea y los directivos y maestros corrieron a separarlos.
Tardaron un rato en apartarlos. Entonces, Lucas se acercó a Facundo.
—Señor Prado, vea este video primero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...