Cuando Floriana sintió que Víctor la besaba de nuevo, le dio tal coraje que le mordió el labio inferior con fuerza. Sin embargo, al notar que la persona en el coche de afuera los estaba grabando con el celular, se aguantó y no empujó a Víctor.
Pero este tipo, viendo que le daban la mano y agarraba la pata, no se conformó con besarla como un animal hambriento; sus manos empezaron a vagar por su cuerpo, colándose incluso bajo su ropa.
—Quita las manos. Si te atreves a tocarme otra vez, te… ¡te muerdo hasta arrancarte un pedazo! —advirtió Floriana con la respiración entrecortada.
Víctor, con esa cara de mañoso que acaba de probar algo dulce, respondió:
—Deberías decir: «Aquí no, que nos van a ver».
—¡Víctor!
—Si lo dices, te perdono.
Floriana apretó los dientes del coraje, pero como la persona en el coche seguía grabando, no le quedó más remedio que ceder.
—No… aquí no, nos van a ver.
—Dí que te da pena.
—Me da pena…
—Dí que me lo darás en casa.
—En casa… te lo doy.
—Bien.
Floriana pensó que Víctor la soltaría, pero al instante siguiente él la cargó en brazos y, ante su sorpresa, la metió al edificio.
Subieron, abrieron la puerta y, justo cuando ella iba a empujarlo, Víctor la acorraló contra la puerta con una sonrisa de triunfo.
—Nena, recuerda que fuiste tú quien invitó al lobo a entrar.
Sin dejar que Floriana dijera nada, volvió a besarla. Esta vez no le dio oportunidad de resistirse; mientras la besaba, le atrapó las manos y las inmovilizó contra la puerta.
Floriana solo podía fulminar a Víctor con la mirada, lo cual, irónicamente, lo excitó más. La consecuencia fue que él se transformó en una bestia, devorándola con ferocidad.
Le robó el aliento, y luchar era inútil. Justo cuando sentía que iba a desmoronarse, él la soltó de repente.
Floriana boqueó buscando aire, pero apenas pudo inhalar un par de veces antes de que él la besara de nuevo. Esta vez fue mucho más suave, como si quisiera consolarla, sosteniendo su cuerpo y dejando que se apoyara en él, firme como una montaña.
Ella se olvidó de luchar; al menos por un instante, se dejó llevar.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...