Cuando Floriana llegó a la estación de policía, los padres de Víctor ya estaban ahí.
Leonardo, tras enterarse de la situación por los oficiales, en un ataque de furia agarró un vaso de agua y se lo aventó a Víctor ahí mismo, delante de la policía. Víctor no lo esquivó; el vaso le dio en la frente, abriéndole una herida que empezó a sangrar al instante.
Víctor saltó de inmediato y señaló a su padre.
—¡Oficial! Se atreve a agredirme frente a ustedes, esto es una falta de respeto a la autoridad. ¡Tienen que arrestarlo y castigarlo severamente!
—¡Cómo pude engendrar a un desgraciado como tú! Todo el día andas de vago o metiéndote con mujeres, no haces nada de provecho. ¡Deberías matarme de un coraje y ya! —Leonardo señalaba a Víctor, rechinando los dientes de odio.
Al escuchar esto, Víctor lo pensó un momento, levantó la vista y preguntó a los policías:
—¿Matar a alguien de un coraje cuenta como crimen?
Los policías se llevaron las manos a la frente. Acababan de escuchar la denuncia de la víctima: salía con varias mujeres a la vez, incluso amigas entre ellas; ese hombre no tenía moral. Y viendo su actitud hacia sus padres, era peor que un animal.
—¡Oficiales, enciérrenlo de una vez para que deje de hacer daño a la sociedad! —gritó Leonardo a los policías.
—Eh, señor, no podemos encerrar a la gente así nada más, necesitamos pruebas —respondió el policía con resignación.
—¡Seguro que él lo hizo! Si él no lo admite, ¡nosotros lo admitimos por él!
—Eso no funciona así. Esperemos a que llegue el testigo.
Leonardo señaló a Víctor, temblando de rabia.
—¡Tú… aunque salgas de aquí, no se te ocurra volver a casa! ¡Vamos a romper cualquier relación contigo!
Víctor parecía acostumbrado a esas palabras. Movía la pierna y soltó un bufido.
—¿Por qué no voy a volver? Si quieren romper relaciones, ¡pues lárguense ustedes!
—¡Tú… malnacido!
—De todos modos tú fuiste el que me engendró.
Floriana dudó un momento antes de entrar. Pensaba que esa escoria social, lo peor de lo peor, debería estar en la cárcel para que se le quitara lo imbécil. Pero dar un testimonio falso también era un delito.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...