Ivana entrecerró los ojos.
—¿Crees que Rafael realmente no estaba en casa? Ja, te diré la verdad: él estaba mirando desde la ventana del segundo piso, viéndote, pero me ordenó que te corriera. Vio cómo te echaban, cómo caías en el lodo y te ibas desesperada y sola. ¡Ese es tu padre!
—¡Es un hipócrita de pies a cabeza!
—¡Ivana, cállate! —rugió Rafael.
Ivana se rio a carcajadas.
—Yo también fui una estúpida. Vi cómo trataste a Aurora y a su hija, y aun así me sentí engreída, pensando que nunca serías tan cruel con nosotras.
—¡Todo esto es mi castigo, es mi karma, y lo acepto!
Isabella ya había escuchado suficiente. Se soltó de la mano de Rafael y dio un paso atrás.
—Bella, ¿no confías en tu papá?
Isabella sonrió con amargura.
—¿Crees que todavía puedo confiar en ti?
—Papá solo tiene una hija. Si tú aceptas, te apoyaré para que entres al Grupo Méndez...
—Ah, por cierto, quiere que entres al Grupo Méndez solo porque no quiere dejarle la herencia a Camilo —interrumpió Ivana.
—¡Ivana! —La mirada de Rafael se volvió feroz. Se dio la vuelta y le propinó una bofetada—. ¡Parece que fui demasiado tolerante contigo, dejándote decir puras estupideces!
Dicho esto, Rafael sacó su celular y llamó a la policía.
—¡Intentaste matarme a mí y a mi padre! ¡Con esos dos cargos tienes suficiente para pudrirte en la cárcel unos diez años!
—¡Papá, no hagas eso! —Adriana se abalanzó para suplicarle—. Mamá y yo nos iremos al extranjero ahora mismo, ¡no metas a mi mamá a la cárcel!
Rafael se quitó de encima a Adriana de un empujón.
—Te quise tanto... ¿Por qué no fuiste mi hija de verdad? ¿Por qué te aliaste con ella para hacerme daño?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...