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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 703

Isabella había bebido mucho y ya estaba borracha, pero aun así le arrebató la botella a Jairo y tomó un par de tragos. Jairo intentó detenerla, pero ella se puso necia.

—¿Por qué eres tan codo? Solo son unas botellas.

Jairo intentó quitársela de nuevo, pero ella lo esquivó. Él entrecerró los ojos.

—¿Me crees capaz de tirarte a la calle así de borracha?

—No te creo. —Isabella soltó un hipo, se acercó a su oído y se rio—. No te atreverías.

La mano de Jairo en la cintura de Isabella se tensó de golpe, y ella soltó un gemido de dolor.

—¡No es para tanto! —gritó ella indignada—. ¿A poco tú también quieres un trago?

Isabella levantó la cara para ver a Jairo, tratando de descifrar si estaba realmente enojado, pero su mirada se desvió inevitablemente hacia sus labios.

—Si quieres beber, yo te doy —murmuró.

Estaba realmente ebria. Tomó un trago y, tomando a Jairo por sorpresa, pegó sus labios a los de él, los forzó a abrirse y le pasó el licor boca a boca. La mano en su cintura apretó aún más fuerte mientras ella, aguantando el dolor, seguía aprovechándose de la situación.

Después de pasarle el trago, no se resignó y recuperó la mitad del líquido. Cuando ambos tragaron, ella intentó soltarse, pero él ya no la dejó escapar. La atrapó y la besó con furia posesiva.

En algún momento, Isabella terminó recostada en el sofá, con Jairo cubriéndola por completo. El alcohol actuó como catalizador, encendiendo un deseo que había estado enterrado durante seis años.

Justo cuando Jairo estaba dispuesto a rendirse ante ese deseo, la muy descarada que había encendido el fuego se desmayó.

De puro coraje, le mordió el labio inferior con fuerza. Ella solo murmuró con voz tierna:

—Esposo, piedad...

Esa frase golpeó a Jairo como una descarga eléctrica, dejándolo paralizado.

Antes, cuando ella lo provocaba y ya no aguantaba más, solía suplicar así.

***

Al despertar, Isabella descubrió que estaba en la cama principal de la mansión de Jairo en el centro. Se quedó aturdida un momento y miró a su lado; el lugar estaba vacío, por supuesto.

Recordaba vagamente lo que había hecho, pero eran solo fragmentos. Después de eso...

Parecía que no hubo un "después".

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